China y la plata mexicana

Hace unas semanas, con motivo de la redacción de un libro de texto, me puse a leer historia de China. Por supuesto, es fascinante, aunque lo más interesante para mí fue lo que aprendí de historia de México y de otras partes, a través del gigante asiático. Voy a referirme sólo a un tema: la importancia de China para el auge y caída de la producción de plata mexicana.

Entre los muchos productos que la América colonial exportaba, destacan dos por el fuerte impacto que tuvieron en la articulación de la economía global y por las enormes riquezas que generaron: el azúcar y la plata. Las economías del azúcar florecieron en el lado atlántico del continente. Desde el Río de la Plata hasta Chesapeake se desarrolló un lucrativo comercio que involucraba el intercambio de licores, algunas manufacturas y, poco a poco hasta convertirse en el artículo más importante, armas europeas a los reinos africanos costeros; los que a su vez entregaban oro, diamantes, marfil y, especialmente, esclavos. Los esclavos eran traídos a América, para producir azúcar en las plantaciones, las que, entre otras cosas, favorecieron la reproducción de mosquitos y, con ellos, el incremento de la fiebre amarilla y la malaria.1 El azúcar era exportada para su consumo en Europa, muchas veces como melaza y también como licor. La importancia de este lucrativo e infame comercio se puede apreciar en Saint Domingue, que había sido capaz de formar algunas de las fortunas más grandes de Francia, y desquiciar la economía francesa y atlántica cuando se convirtió en la independiente Haití.2

Algo semejante sucedió con la plata. En las cordilleras y altiplanos americanos (sobre todo en Perú, Alto Perú y Nueva España) este producto detonó economías agrícolas, fomentó la integración de mercados regionales e hizo crecer de manera extraordinaria la riqueza de unas cuantas familias.3 Hay muchos estudios acerca de cómo la plata propició la acumulación de capital en Europa, y cómo alimentó la inflación en España; pero al leer historia de China descubrí un nuevo actor económico, cuya presencia era ineludible pero que, habitualmente, no tomamos en cuenta: los cerca de 150 millones de chinos de mediados del siglo XVII, es decir ¡20% de la población mundial!

Como cualquier estudiante de educación secundaria sabe (o debería saber), desde la antigüedad China exportaba a Europa sedas, porcelanas, especias, tés, tallas de marfil. Muchos de estos artículos eran de lujo, para unos cuantos; otros, como las especias, eran de primera necesidad, por las precarias condiciones de conservación de los alimentos. Ni los europeos ni los musulmanes tenían productos que fueran muy atractivos para los chinos, quitando quizá los marfiles que las caravanas trasladaban desde África al oriente asiático, y que los mismos chinos empezaron a comerciar directamente, por el océano, desde el siglo XIV, época de gran expansión marítima. En realidad, sólo había un producto que los chinos necesitaban: la plata. Paul Ropp, en su magnífico libro China in World History4 hace notar cómo, al menos desde el siglo XII, los funcionarios del imperio chino recaudaban grandes cantidades de plata, aunque la mayoría de los impuestos se seguían pagando en especie (posición 1485). Ropp describe lo que parece una deliberada política gubernamental que encontró en la plata el medio idóneo para regular el comercio interno. Al comenzar el siglo XVI, los chinos comerciaban con musulmanes y europeos sólo a cambio de plata. Justo en el momento en el que los españoles descubrían las vetas de Zacatecas en Nueva España y de Potosí en el Alto Perú, se estaba abriendo el mayor mercado del mundo para la plata. Hay que recordar que los españoles y demás europeos buscaron desenfrenadamente oro durante la época de las conquistas y colonizaciones, pero al final fue la plata la que los colmó de riquezas, en buena medida gracias a la demanda asiática. En 1581, la reforma de la plata (o reforma del “látigo sencillo”, posición 1808) convirtió al imperio de los Ming en el mayor consumidor de plata del mundo, mercado nada despreciable si consideramos – como ya mencioné – que abarcaba el 20% de la población mundial.

La importancia del mercado chino para la plata americana y para la economía global es un tema que abordaron en un artículo Dennys Flynn y Arturo Giráldez hace años.5 Recientemente, John Tutino le ha puesto atención para explicar, como un elemento entre otros, el crecimiento de la producción minera de Guanajuato. Yo, que no soy conocedor del tema, sólo puedo decir que es fascinante.

El auge de la plata en la economía mundial concluyó a comienzos del siglo XIX. Entre 1800 y 1810, según Ropp, los chinos acumularon 26 millones de onzas de plata (posición 1941). En el mismo periodo, Nueva España contribuyó como nunca antes al sostenimiento del imperio español.6 Años después, México sería incapaz de volver a los niveles de producción de plata que tuvo a comienzos del siglo XIX y su recaudación fiscal no podía cubrir ni los adeudos ni el pago de funcionarios y tropas. ¿Qué pasó? Esta es una historia en la que se interrelacionan muchos factores. La China de los Qing entró en una profunda crisis política a finales del siglo XVIII, de la cual se percataron los británicos, quienes – por su parte – se hallaban en plena revolución industrial. Si bien de momento no pudieron hacer mucho, por las guerras napoleónicas, bastó con que la paz regresara a Europa para que forzaran la apertura de los mercados chinos y los obligaran a recibir, en vez del metal argentífero, opio proveniente de India y Afganistán. En México, la insurrección en el Bajío de 1810 acabó con el principal productor de plata de Nueva España, Guanajuato. Zacatecas pudo mantener su producción (especialmente en Fresnillo y Sombrerete), pero el mercado mundial había cambiado. China ya no era un consumidor importante de la plata americana.

Algo semejante sucedió en el Atlántico, en donde la independencia de Haití ocasionó el fin de la época dorada de la economía esclavista-azucarera. La esclavitud se enfiló a nuevos mercados (Brasil, Cuba, Estados Unidos) y las plantaciones empezaron a diversificarse: junto con el azúcar se cultivó algodón y café. Los mosquitos siguieron reinando varias décadas más, hasta que las tropas estadounidenses en la guerra con España empezaron a aplicar insecticidas.


1 El tema lo abordó magistralmente John McNeill, en Mosquito Empires. Ecology and War in the Greater Caribbean, 1620-1914, Nueva York, Cambridge University, 2010.

2 Carolyn Fink, The Making of Haití. The Saint Domingue Revolution from Bellow, Knoxville, University of Tennessee, 1990; David Geggus, The Impact of the Haitian Revolution in the Atlantic World, Columbia, University of South Carolina, 2001.

3 Un buen ejemplo está en el magnífico libro de John Tutino, Making a new World. Founding Capitalism in the Bajío and Spanish North America, Durham, Duke University, 2011.

4 P. Ropp, China in World History, Nueva York, Oxford Univeristy, 2010. Tengo la versión electrónica (e-book) así que sólo podré citar las “posiciones”, en vez de las páginas.

5 Flynn y Giráldez, “Born with a ‘Silver Spoon’: The Origin of World Trade in 1571”, Journal of World History, Vol. 6, No. 2, 1995, p. 201-221. Como se trata de un trabajo fundamental y poco conocido en México, incluyo aquí la liga para quien quiera consultarlo: Flynn & Giráldez

6 Carlos Marichal, Bankruptcy of Empire: Mexican Silver and the Wars between Spain, Britain and France, 1760-1810, Nueva York, Cambridge University, 2007.

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2 comentarios en “China y la plata mexicana”

  1. Gabo Says:

    Marichal, “The Spanish-American Silver Peso: Export Commodity and Global Money of the Ancien Regime, 1550-1800” , en From Silver to Cocaine…
    Saludos Dr.

    Responder

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