La batalla de Puente de Calderón

El 17 de enero de 1811, a las afueras de Guadalajara, cerca del Puente de Calderón, las fuerzas insurgentes encabezadas por Miguel Hidalgo fueron derrotadas dramáticamente por las tropas del gobierno virreinal, al mando de Félix María Calleja. Los pormenores de la batalla han sido relatados en varias ocasiones y, pese lo innegable de los descubrimientos y de las nuevas interpretaciones, el relato se mantiene de manera general inalterable.  Entre las novedades más relevantes, se encuentra la hecha por María del Carmen Vázquez Mantecón quien asegura que el puente tenía un solo arco, como afirmó Calleja, y se hallaba a unos doscientos metros del actual puente de tres arcos, construido después de la batalla, en el que hay una placa en la que se indica que allí ocurrió la famosa refriega.Plano

Sin embargo, en términos generales se mantiene el mismo relato. Fuerzas rebeldes, cuyo número estaría entre sesenta mil y ciento veinte mil (dependiendo del relato) se enfrentaron a seis mil tropas, comandadas por Calleja, el conde de la Cadena y José de la Cruz. Por supuesto, casi todos los relatos están basados en los informes previos y en el detall de Calleja, incluidas las contradicciones, pues el brigadier terminó “inflando” el número de insurgentes, quizá para dar más lustre a su victoria.

El 13 de enero, Hidalgo decidió salir de Guadalajara para enfrentar a las fuerzas virreinales. Tardó dos días en desplazar sus huestes al campo cercano al Puente de Calderón. Para entonces, las disputas con Ignacio Allende eran irreparables. Al despuntar el 17, las tropas de Calleja se enfrentaron a las insurgentes, que parecían superiores y que, como todos coinciden, empezaron a ocasionar numerosas bajas a los virreinales. Lamentablemente, el precario depósito de armas y municiones de los insurgentes fue envuelto por las llamas. El incendio se extendió por el seco campo de enero, y las fuerzas rebeldes emprendieron la huida. Contra lo que pudiera pensarse, las bajas insurgentes no fueron las determinantes para el fracaso militar, sino su deserción.

No contaré más detalles de la acción militar, porque, como dije, el relato es fácil de encontrar y no varía mucho. Me interesa, en cambio, comentar un lugar común relativo al armamento y la profesionalización de las tropas de ambos bandos. Es frecuente leer que las tropas virreinales se encontraban mejor capacitadas y pertrechadas que las insurgentes, que eran profesionales; mientras que los rebeldes peleaban sólo con hondas, lanzas y poca artillería. Así se explicaría el final triunfo de Calleja. Esto no es del todo cierto.

En realidad, las fuerzas insurgentes se parecían, en composición y calidad, mucho a las virreinales. Veamos:

  1. Tanto tropas insurgentes como tropas realistas estaban compuestas de algunas fuerzas con experiencia miliciana y muchas más improvisadas. Entre los numerosos campesinos indígenas y mestizos que componían la insurgencia, había grupos de milicias, que siguieron a Ignacio Allende desde San Miguel y otras villas del Bajío. También entre los comandados por Calleja había un alto número de criollos de milicias. Su número total varió considerablemente, pero es posible que se tratara de un total muy parecido al de las fuerzas que llevaba Calleja. Hay que recordar que el ejército permanente en Nueva España era muy reducido y se encontraba sobre todo en las costas. En ambos bandos, las fuerzas de las milicias eran fundamentalmente criollas.
  2. En los dos ejércitos había numerosos rancheros, peones de hacienda y jornaleros sin experiencia militar, que fueron reclutados en el Bajío, Michoacán y Guadalajara (los insurgentes) y en San Luis Potosí, México y Puebla (los virreinales), y que recibieron entrenamiento intensivo en pocas semanas. Aquí, el número también sería semejante. En realidad, la gran diferencia radicaba en que, del lado insurgente, se movía también una muchedumbre, salida de pueblos y de las zonas pobres de las ciudades, con armamento precario y que cambiaba regularmente conforme el mando rebelde se desplazaba, pues por lo general estas personas no se alejaban mucho de sus comunidades.
  3. El armamento de ambos grupos, quitando a la muchedumbre que siguió a Hidalgo, era muy parecido. Ambos ejércitos mandaron fundir cañones y, hay que decir, que los que ordenó fabricar Calleja fueron un fracaso, se desfundaban al ser disparados. Los insurgentes, entre los que había algunos ingenieros, fueron más exitosos. Contra las diez piezas de artillería de las tropas virreinales, las fuerzas insurgentes pusieron más de noventa, entre las que se contaban las de San Blas, no muy adecuadas para un combate en tierra firme, pero definitivamente más útiles que los cañones hechizos. Ahora bien, para que nadie se quede con una imagen errónea, la mayoría de los cañones eran apenas morteros, de poco alcance, y escasos de munición.
  4. La batalla de Puente de Calderón da cuenta de lo que fue aquella confrontación militar que llamamos guerra de independencia: fue una guerra civil, en la que combatían personas del mismo origen y condición en ambos bandos.

DetallSi las condiciones eran tan parecidas ¿Por qué perdieron los insurgentes? Como dije, se debe considerar el famoso incendio como un elemento decisivo, pero también la fractura en el mando rebelde. Piénsese, a modo de hipótesis, que sucedería si las tropas – improvisadas – al mando de Calleja intentaran huir al ver las bajas que los miles de insurgentes estaban ocasionando. Sin duda, los férreos oficiales virreinales ordenarían su fusilamiento inmediato, por deserción en pleno campo de batalla, algo muy común en todos los ejércitos. Ahora bien, qué pasaría si esto ocurriera en las tropas insurgentes. Hay numerosos testimonios de que Miguel Hidalgo, sacerdote al fin de cuentas, no estaba dispuesto a castigar a la multitud que lo seguía ni por sus sangrientos excesos ni por abandonar el campo en medio de las balas. Cuando el incendio ocasionó la desbandada, nadie detuvo a las miles de personas que huyeron para regresar a sus comunidades. La voluntad de Hidalgo se habría impuesto nuevamente, y los bandidos que lo acompañaban, como el despiadado Agustín Marroquín, tampoco se mostrarían dispuestos a aceptar la disciplina de los jóvenes comandantes de milicias. Al final, éstos terminarían quitando el mando a Hidalgo, cuando huían hacia el norte; pero ya fue muy tarde.

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7 comentarios en “La batalla de Puente de Calderón”

  1. joaquineespinosa Says:

    El libro de la Dra. Vázquez Mantecón es buenísimo. Presenta perfectamente (como dice el subtitulo) las versiones de aquella batalla.

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  2. hector rios Says:

    Hola, apasionado por la historia de este mi Mexico, acabo de descubrir este gran sitio, saludos a todos, favor de informarme de conferencias, talleres, seminarios en GDL jalisco.

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    • Alfredo Ávila Says:

      Muchas gracias, Héctor. Hay un foro virtual H-México, que anuncia todas las actividades de historiadores en México. Allí puedes informarte -y, si quieres, recibir en tu correo la información- de conferencias, exposiciones y otras actividades.

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  3. Oscar Amador Says:

    Que hay de cierto sobre los cañones que fueron enterrados en el campo de batalla… Saludos!!!

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    • Alfredo Ávila Says:

      Al parecer, sí hay algunos morteros y otras piezas enterradas en el lugar. Una colega del INAH ha buscado y encontrado algunas cosas.

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