<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:geo="http://www.w3.org/2003/01/geo/wgs84_pos#" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"
	>

<channel>
	<title>Historia, crítica, política &#187; Independencias</title>
	<atom:link href="http://alfredoavilahistoriador.com/category/historia/independencias/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://alfredoavilahistoriador.com</link>
	<description>Bitácora de Alfredo Ávila</description>
	<lastBuildDate>Sat, 18 May 2013 21:08:01 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.com/</generator>
<cloud domain='alfredoavilahistoriador.com' port='80' path='/?rsscloud=notify' registerProcedure='' protocol='http-post' />
<image>
		<url>http://1.gravatar.com/blavatar/929bba43b8092c8505bc5fc427cdaf3c?s=96&#038;d=http%3A%2F%2Fs2.wp.com%2Fi%2Fbuttonw-com.png</url>
		<title>Historia, crítica, política &#187; Independencias</title>
		<link>http://alfredoavilahistoriador.com</link>
	</image>
	<atom:link rel="search" type="application/opensearchdescription+xml" href="http://alfredoavilahistoriador.com/osd.xml" title="Historia, crítica, política" />
	<atom:link rel='hub' href='http://alfredoavilahistoriador.com/?pushpress=hub'/>
		<item>
		<title>De los mitos que nos dieron desmitificadores</title>
		<link>http://alfredoavilahistoriador.com/2013/01/19/de-los-mitos-que-nos-dieron-desmitificadores/</link>
		<comments>http://alfredoavilahistoriador.com/2013/01/19/de-los-mitos-que-nos-dieron-desmitificadores/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 19 Jan 2013 19:46:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Ávila</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>
		<category><![CDATA[Independencias]]></category>
		<category><![CDATA[Insurgencia]]></category>
		<category><![CDATA[Enrique Sada]]></category>
		<category><![CDATA[Historiografía]]></category>
		<category><![CDATA[José María Morelos]]></category>
		<category><![CDATA[mitos]]></category>
		<category><![CDATA[Pedro Salmerón]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://alfredoavilahistoriador.com/?p=402</guid>
		<description><![CDATA[Desde hace algunas semanas, Pedro Salmerón ha iniciado una campaña contra los llamados &#8220;desmitificadores&#8221; de la historia oficial mexicana. Confieso que miro con simpatía el esfuerzo de Pedro, pero me he mantenido al margen, por varias razones. Una de ellas, debo decirlo, es que no comparto la posición ideológica que subyace en la &#8211; por [&#8230;]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=alfredoavilahistoriador.com&#038;blog=7606667&#038;post=402&#038;subd=alfredoavilahistoriador&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Desde hace algunas semanas, Pedro Salmerón ha iniciado una campaña contra los llamados &#8220;desmitificadores&#8221; de la historia oficial mexicana. Confieso que miro con simpatía el esfuerzo de Pedro, pero me he mantenido al margen, por varias razones. Una de ellas, debo decirlo, es que no comparto la posición ideológica que subyace en la &#8211; por lo demás- certera crítica de Pedro. En concreto, se ha dedicado a desarmar a los &#8220;desmitificadores&#8221; claramente conservadores y de derecha, pero no ha dicho una palabra de los que también hay en la izquierda y que, en lo personal, también me parecen mercaderes de la historia. Sin embargo, por culpa del propio Pedro, he decidido intervenir. En su columna de hoy, mi colega ha criticado a Enrique Sada Sandoval, por inventar acuerdos secretos entre los liberales y los estadounidenses en el siglo XIX (<a href="http://www.jornada.unam.mx/2013/01/19/opinion/016a2pol">Salmerón, La historia para crear odio</a>). No tenía idea de quien es Sada Sandoval, pero al buscar en los periódicos encontré una columna, en la que miente de una manera muy abusiva sobre José María Morelos (<a href="http://www.milenio.com/cdb/doc/impreso/9169082">Enrique Sada, De los mitos que nos dieron nada</a>).</p>
<p>Debo decir, antes de continuar, que cualquier colega que me conozca sabe muy bien que no soy promotor ni seguidor de la historia oficial. Incluso, he tenido problemas con personas que me han acusado de irrespetuoso con los &#8220;héroes que nos dieron patria&#8221;. En ocasiones, la búsqueda de explicaciones a los problemas que nos planteamos sobre la historia me han llevado a descubrir cómo se han construido algunos de los mitos del relato nacionalista y revolucionario; pero eso no significa que acepte los mitos conservadores.</p>
<p>Transcribo, con algún añadido, la respuesta que puse en la página web de <em>Milenio</em>, en la que aparece la lamentable columna a la que me refiero.</p>
<p>En la columna de Enrique Sada, titulada &#8220;La verdad amarga&#8221;, hay ciertamente amargura, pero no verdad. El autor afirma que la insurgencia &#8220;no buscaba independencia alguna en sus inicios&#8221;, pero ignora que Hidalgo declaró en 1811 ante sus jueces que su delito fue &#8220;haber tratado de poner en independencia este reino&#8221;, que había comentado varias veces con Allende sobre la independencia y que estaba &#8220;persuadido de que la independencia sería útil al reino&#8221; (<a href="http://www.pim.unam.mx/catalogos/hyd/HYDI/HYDI002.pdf">Declaración de Hidalgo, mayo de 1811</a>). Es verdad que Allende y otros jefes de la insurgencia (incluido, por supuesto, Ignacio Rayón) favorecían que se diera la corona a Fernando VII, como tiempo después hizo Agustín de Iturbide, sin contradicción (independencia con el rey). Acerca de la diversidad de posiciones en la primera insurgencia, recomiendo la lectura de la magnífica y bien documentada biografía de Hidalgo de Carlos Herrejón.</p>
<p>Sada afirma que Cos y Bustamante acusaban a Morelos de exigir trato de rey. Yo sé que Rayón fue acusado en ese sentido, e ignoro si Cos se refirió así de Morelos. Esperaría que Sada pudiera dar la referencia concreta, pues me puse a buscar la otra, la de que Morelos se deleitaba con los informes de los abusos de los <em>Pachones</em> y del <em>Capador</em> Gómez, pero no la encontré, aunque durante años he fatigado las páginas de Bustamante y seguido la pista a Vicente Gómez. Por cierto, el <em>Capador</em> no era &#8220;sicario&#8221; de Morelos, sino jefe de una banda que, al menos formalmente, se hallaba bajo el mando de Osorno.</p>
<p>Sada también afirma que Morelos estaba agradecido con la posibilidad de que los angloamericanos vinieran a combatir al gobierno virreinal, aunque sus intenciones fueran apoderarse del país. La verdad es que el <em>Correo Americano del Sur</em> (donde está la referencia citada) era editado por el propio Bustamante, no por Morelos, junto con don José Manuel de Herrera, quien después sería ministro de relaciones del emperador Iturbide.<br />
Muchos colegas historiadores reconocen que José María Morelos era cruel con sus enemigos, aunque no sé si tanto como Félix Calleja o el propio Agustín de Iturbide; también es cierto que no pensaba que Texas formara parte de la república mexicana, pero me parece lamentable expresar tanta amargura disfrazada de lección de historia.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/alfredoavilahistoriador.wordpress.com/402/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/alfredoavilahistoriador.wordpress.com/402/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=alfredoavilahistoriador.com&#038;blog=7606667&#038;post=402&#038;subd=alfredoavilahistoriador&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://alfredoavilahistoriador.com/2013/01/19/de-los-mitos-que-nos-dieron-desmitificadores/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>5</slash:comments>
	
		<media:content url="http://2.gravatar.com/avatar/2d2194960c66c736e160f249fce74fd5?s=96&#38;d=http%3A%2F%2F2.gravatar.com%2Favatar%2Fad516503a11cd5ca435acc9bb6523536%3Fs%3D96&#38;r=G" medium="image">
			<media:title type="html">Alfredo Ávila</media:title>
		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>La batalla de Puente de Calderón</title>
		<link>http://alfredoavilahistoriador.com/2013/01/17/puente-de-calderon/</link>
		<comments>http://alfredoavilahistoriador.com/2013/01/17/puente-de-calderon/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 17 Jan 2013 15:47:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Ávila</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Independencias]]></category>
		<category><![CDATA[Insurgencia]]></category>
		<category><![CDATA[Félix María Calleja]]></category>
		<category><![CDATA[ignacio allende]]></category>
		<category><![CDATA[insurgencia]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Hidalgo]]></category>
		<category><![CDATA[puente de Calderón]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://alfredoavilahistoriador.com/?p=393</guid>
		<description><![CDATA[El 17 de enero de 1811, a las afueras de Guadalajara, cerca del Puente de Calderón, las fuerzas insurgentes encabezadas por Miguel Hidalgo fueron derrotadas dramáticamente por las tropas del gobierno virreinal, al mando de Félix María Calleja. Los pormenores de la batalla han sido relatados en varias ocasiones y, pese lo innegable de los [&#8230;]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=alfredoavilahistoriador.com&#038;blog=7606667&#038;post=393&#038;subd=alfredoavilahistoriador&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El 17 de enero de 1811, a las afueras de Guadalajara, cerca del Puente de Calderón, las fuerzas insurgentes encabezadas por Miguel Hidalgo fueron derrotadas dramáticamente por las tropas del gobierno virreinal, al mando de Félix María Calleja. Los pormenores de la batalla han sido relatados en varias ocasiones y, pese lo innegable de los descubrimientos y de las nuevas interpretaciones, el relato se mantiene de manera general inalterable.  Entre las novedades más relevantes, se encuentra la ubicación correcta hecha por María del Carmen Vázquez Mantecón del puente, que tenía un solo arco, como afirmó Calleja, a unos doscientos metros del actual puente de tres arcos, construido después de la batalla, en el que hay una placa en la que se indica, erróneamente, que allí ocurrió la famosa refriega.<img class="alignleft size-medium wp-image-395" alt="Plano" src="http://alfredoavilahistoriador.files.wordpress.com/2013/01/plano.jpg?w=300&#038;h=193" width="300" height="193" /></p>
<p>Sin embargo, en términos generales se mantiene el mismo relato. Fuerzas rebeldes, cuyo número estaría entre sesenta mil y ciento veinte mil (dependiendo del relato) se enfrentaron a seis mil tropas, comandadas por Calleja, el conde de la Cadena y José de la Cruz. Por supuesto, casi todos los relatos están basados en los informes previos y en el detall de Calleja, incluidas las contradicciones, pues el brigadier terminó “inflando” el número de insurgentes, quizá para dar más lustre a su victoria.</p>
<p>El 13 de septiembre, Hidalgo decidió salir de Guadalajara para enfrentar a las fuerzas virreinales. Tardó dos días en desplazar sus huestes al campo cercano al Puente de Calderón. Para entonces, las disputas con Ignacio Allende eran irreparables. Al despuntar el 17, las tropas de Calleja se enfrentaron a las insurgentes, que parecían superiores y que, como todos coinciden, empezaron a ocasionar numerosas bajas a los virreinales. Lamentablemente, el precario depósito de armas y municiones de los insurgentes fue envuelto por las llamas. El incendio se extendió por el seco campo de enero, y las fuerzas rebeldes emprendieron la huida. Contra lo que pudiera pensarse, las bajas insurgentes no fueron las determinantes para el fracaso militar, sino su deserción.</p>
<p>No contaré más detalles de la acción militar, porque, como dije, el relato es fácil de encontrar y no varía mucho. Me interesa, en cambio, comentar un lugar común relativo al armamento y la profesionalización de las tropas de ambos bandos. Es frecuente leer que las tropas virreinales se encontraban mejor capacitadas y pertrechadas que las insurgentes, que eran profesionales; mientras que los rebeldes peleaban sólo con hondas, lanzas y poca artillería. Así se explicaría el final triunfo de Calleja. Esto no es del todo cierto.</p>
<p>En realidad, las fuerzas insurgentes se parecían, en composición y calidad, mucho a las virreinales. Veamos:</p>
<ol>
<li>Tanto tropas insurgentes como tropas realistas estaban compuestas de algunas fuerzas con experiencia miliciana y muchas más improvisadas. Entre los numerosos campesinos indígenas y mestizos que componían la insurgencia, había grupos de milicias, que siguieron a Ignacio Allende desde San Miguel y otras villas del Bajío. También entre los comandados por Calleja había un alto número de criollos de milicias. Su número total varió considerablemente, pero es posible que se tratara de un total muy parecido al de las fuerzas que llevaba Calleja. Hay que recordar que el ejército permanente en Nueva España era muy reducido y se encontraba sobre todo en las costas. En ambos bandos, las fuerzas de las milicias eran fundamentalmente criollas.</li>
<li>En los dos ejércitos había numerosos rancheros, peones de hacienda y jornaleros sin experiencia militar, que fueron reclutados en el Bajío, Michoacán y Guadalajara (los insurgentes) y en San Luis Potosí, México y Puebla (los virreinales), y que recibieron entrenamiento intensivo en pocas semanas. Aquí, el número también sería semejante. En realidad, la gran diferencia radicaba en que, del lado insurgente, se movía también una muchedumbre, salida de pueblos y de las zonas pobres de las ciudades, con armamento precario y que cambiaba regularmente conforme el mando rebelde se desplazaba, pues por lo general estas personas no se alejaban mucho de sus comunidades.</li>
<li>El armamento de ambos grupos, quitando a la muchedumbre que siguió a Hidalgo, era muy parecido. Ambos ejércitos mandaron fundir cañones y, hay que decir, que los que ordenó fabricar Calleja fueron un fracaso, se desfundaban al ser disparados. Los insurgentes, entre los que había algunos ingenieros, fueron más exitosos. Contra las diez piezas de artillería de las tropas virreinales, las fuerzas insurgentes pusieron más de noventa, entre las que se contaban las de San Blas, no muy adecuadas para un combate en tierra firme, pero definitivamente más útiles que los cañones hechizos. Ahora bien, para que nadie se quede con una imagen errónea, la mayoría de los cañones eran apenas morteros, de poco alcance, y escasos de munición.</li>
<li>La batalla de Puente de Calderón da cuenta de lo que fue aquella confrontación militar que llamamos guerra de independencia: fue una guerra civil, en la que combatían personas del mismo origen y condición en ambos bandos.</li>
</ol>
<p><a href="http://books.google.com.mx/books?id=bUeMS3I_gEEC&amp;printsec=frontcover&amp;dq=detall+de+la+accion+gloriosa+calderon&amp;hl=es&amp;sa=X&amp;ei=MwX4UJC1D8Oi2wWL5IGADw&amp;ved=0CC4Q6AEwAA#v=onepage&amp;q&amp;f=false" target="_blank"><img class="size-medium wp-image-394 alignright" alt="Detall" src="http://alfredoavilahistoriador.files.wordpress.com/2013/01/detall.jpg?w=231&#038;h=300" width="231" height="300" /></a>Si las condiciones eran tan parecidas ¿Por qué perdieron los insurgentes? Como dije, se debe considerar el famoso incendio como un elemento decisivo, pero también la fractura en el mando rebelde. Piénsese, a modo de hipótesis, que sucedería si las tropas &#8211; improvisadas &#8211; al mando de Calleja intentaran huir al ver las bajas que los miles de insurgentes estaban ocasionando. Sin duda, los férreos oficiales virreinales ordenarían su fusilamiento inmediato, por deserción en pleno campo de batalla, algo muy común en todos los ejércitos. Ahora bien, qué pasaría si esto ocurriera en las tropas insurgentes. Hay numerosos testimonios de que Miguel Hidalgo, sacerdote al fin de cuentas, no estaba dispuesto a castigar a la multitud que lo seguía ni por sus sangrientos excesos ni por abandonar el campo en medio de las balas. Cuando el incendio ocasionó la desbandada, nadie detuvo a las miles de personas que huyeron para regresar a sus comunidades. La voluntad de Hidalgo se habría impuesto nuevamente, y los bandidos que lo acompañaban, como el despiadado Agustín Marroquín, tampoco se mostrarían dispuestos a aceptar la disciplina de los jóvenes comandantes de milicias. Al final, éstos terminarían quitando el mando a Hidalgo, cuando huían hacia el norte; pero ya fue muy tarde.</p>
<div id="ynano_hooks_page" style="display:none;"></div>
<div id="ynano_hooks_page" style="display:none;"></div>
<div id="ynano_hooks_page" style="display:none;"></div>
<div id="ynano_hooks_page" style="display:none;"></div>
<div id="ynano_hooks_page" style="display:none;"></div>
<div id="ynano_hooks_page" style="display:none;"></div>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/alfredoavilahistoriador.wordpress.com/393/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/alfredoavilahistoriador.wordpress.com/393/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=alfredoavilahistoriador.com&#038;blog=7606667&#038;post=393&#038;subd=alfredoavilahistoriador&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://alfredoavilahistoriador.com/2013/01/17/puente-de-calderon/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>5</slash:comments>
	
		<media:content url="http://2.gravatar.com/avatar/2d2194960c66c736e160f249fce74fd5?s=96&#38;d=http%3A%2F%2F2.gravatar.com%2Favatar%2Fad516503a11cd5ca435acc9bb6523536%3Fs%3D96&#38;r=G" medium="image">
			<media:title type="html">Alfredo Ávila</media:title>
		</media:content>

		<media:content url="http://alfredoavilahistoriador.files.wordpress.com/2013/01/plano.jpg?w=300" medium="image">
			<media:title type="html">Plano</media:title>
		</media:content>

		<media:content url="http://alfredoavilahistoriador.files.wordpress.com/2013/01/detall.jpg?w=231" medium="image">
			<media:title type="html">Detall</media:title>
		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>El Despertador Americano</title>
		<link>http://alfredoavilahistoriador.com/2012/12/20/despertador-americano/</link>
		<comments>http://alfredoavilahistoriador.com/2012/12/20/despertador-americano/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 20 Dec 2012 15:00:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Ávila</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Independencias]]></category>
		<category><![CDATA[Insurgencia]]></category>
		<category><![CDATA[Despertador Americano]]></category>
		<category><![CDATA[Francisco Severo Maldonado]]></category>
		<category><![CDATA[Guadalajara]]></category>
		<category><![CDATA[insurgencia]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Hidalgo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://alfredoavilahistoriador.com/?p=372</guid>
		<description><![CDATA[Entre el 20 de diciembre de 1810 y el 17 de enero de 1811, Francisco Severo Maldonado publicó El despertador americano. Correo político económico de Guadalaxara. En 2010, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes me pidió una presentación para la edición conmemorativa de la colección Summa Mexicana. La transcribo a continuación.   Al [&#8230;]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=alfredoavilahistoriador.com&#038;blog=7606667&#038;post=372&#038;subd=alfredoavilahistoriador&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address style="text-align:left;">Entre el 20 de diciembre de 1810 y el 17 de enero de 1811, Francisco Severo Maldonado publicó <span style="text-decoration:underline;">El despertador americano. Correo político económico de Guadalaxara</span><em><span style="text-decoration:underline;">.</span> </em>En 2010, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes me pidió una presentación para la edición conmemorativa de la colección Summa Mexicana. La transcribo a continuación.</address>
<address style="text-align:left;"> </address>
<p style="text-align:left;" align="center">Al comenzar 1811, el fiscal de la Real Audiencia de Guadalajara señalaba que entre los promotores de sediciones “suelen ser los más perjudiciales y de más trascendencia los que las fomentan con papeles”. No le faltaba razón. Tras la captura y muerte de los principales dirigentes de la insurrección de 1810, sus palabras y las de sus partidarios siguieron teniendo efecto en numerosos habitantes de Nueva España gracias a esos papeles. Por tal motivo, las autoridades virreinales se apresuraban a recoger los manuscritos e impresos insurgentes. Al mismo tiempo, los defensores de la condición colonial elaboraban discursos, sermones, condenas y toda clase de propaganda para desprestigiar la obra de quienes cometieron el delito de querer “la independencia del reino”, como dijera Miguel Hidalgo ante sus jueces. No puede decirse que el objetivo de los defensores del orden colonial no se cumpliera, al menos en parte, pero como la propaganda de los insurgentes siguió difundiéndose pese a sus derrotas militares, parecía una buena idea difundir palabras de adhesión al gobierno virreinal producidas por aquellos que en su momento se expresaron a favor de la independencia. De ahí que con tanta insistencia se divulgaran las confesiones de los principales dirigentes de la insurgencia, tras ser capturados en las Norias de Baján, algo que también se haría tiempo después con las declaraciones que se tomaron a José María Morelos. La misma razón nos permite explicar la aparición de <i>El telégrafo de Guadalajara</i>, periódico desde el cual se procuró desprestigiar la rebelión, redactado por la misma pluma que, meses antes, sirviera de eficaz promotor de los objetivos de Miguel Hidalgo.</p>
<p>            Originario de Tepic, Francisco Severo Maldonado se formó en el Seminario Conciliar de Guadalajara. Si bien fue asignado a algunos curatos del interior de Nueva Galicia, no era extraño encontrarlo en la capital de la intendencia, en donde tenía un prestigio bien ganado como erudito y orador sacro. En septiembre de 1810, se desempeñaba como cura de Mascota, a unos cincuenta kilómetros del océano Pacífico, pero no dudó en trasladarse con rapidez a Guadalajara cuando recibió noticias del arribo de las fuerzas insurgentes. El 29 de noviembre consiguió entrevistarse con Miguel Hidalgo, quien lo comisionó para publicar <i>El despertador americano, correo político económico de Guadalaxara. </i>Su objetivo sería dar a conocer las intenciones del movimiento que encabezaba y procurar atraerse partidarios, en especial entre los americanos que permanecían “seducidos” por las autoridades virreinales. Se tiraron siete números, de cerca de dos mil ejemplares cada uno, con un costo de dos reales, que llegaron a ser conocidos (al menos los primeros números) más allá de Guadalajara.<img class="alignright size-full wp-image-378" alt="Despertador" src="http://alfredoavilahistoriador.files.wordpress.com/2012/12/despertador.jpg?w=540"   /></p>
<p>La importancia de esta publicación radica en su objetivo propagandístico. Maldonado empleó diversas estrategias retóricas para conseguirlo. Más que artículos propios de un periódico, en las páginas del <i>Despertador </i>encontramos discursos, es decir, piezas oratorias dispuestas para ser leídas en voz alta, para convencer. El primer número llevaba el encabezado “A todos los habitantes de América”, mientras que el segundo se dirigió a los “Americanos”. El cuarto se tituló “A los americanos que militan bajo las banderas de los europeos Flon y Callejas” y daba inicio con una llamada: “Hermanos y compatriotas”. El último número, de 17 de enero de 1811, empezaba: “Americanos, compatriotas muy amados, oíd la voz de la razón”. Esta manera de iniciar sus colaboraciones en el periódico da cuenta de que Maldonado sabía muy bien que su publicación se leería en voz alta, ante los más diversos tipos de públicos, lo que la haría llegar incluso a la población analfabeta.</p>
<p>El periódico describe las condiciones de la monarquía española después de la ocupación napoleónica de la península ibérica. Dicha descripción implicaba una valoración, en la que los americanos eran dibujados con diversas virtudes (“políticas y cristianas”, como se decía por entonces), mientras los vicios eran achacados sólo a los españoles europeos. La mayoría de los tópicos empleados son religiosos. Los <i>gachupines</i> son calificados de pecadores y herejes. En cambio, el cristianismo encuentra refugio entre los criollos, quienes defendían la religión que heredaron de sus mayores. Sin embargo, también es posible encontrar algunas referencias propias del humanismo cívico: los americanos  estaban acostumbrados a vivir con poco, como amantes de la patria, “endurecidos en la adversidad y los trabajos”; los peninsulares, en cambio, eran presa de “molicie y afeminamiento, efecto [del] inmoderado lujo y excesiva riqueza”, ocasionada por su “insaciable codicia”. Eso explica, para Maldonado, por qué estuvieron dispuestos a entregarse a los franceses, quienes compartían muchas de esas características. De aquí que Maldonado considere natural una alianza con los estadounidenses, “pueblo frugal y laborioso”.</p>
<p>Si el contenido del periódico era retórico, ¿significa que <i>El despertador americano</i> no muestra con claridad las ideas de los insurgentes, sus planes y objetivos? No pocos autores han asumido que velaba “la realidad de sus ideas”, al expresar fidelidad a la monarquía, como señaló Antonio Pompa y Pompa en la edición de 1964. Durante mucho tiempo, los historiadores aseguraron que los insurgentes solían ocultar sus ideas emancipadoras y hasta republicanas con la “máscara de Fernando VII”. Trabajos más recientes han revalorado las manifestaciones de lealtad al Borbón. Una fuerte corriente historiográfica ha insistido en que la mayoría de los americanos no perseguía la independencia sino sólo mayores facultades de autogobierno, sin romper con la monarquía española. Así, <i>El despertador americano</i> puede interpretarse desde esos dos puntos de vista: o sólo pretendía atraerse a los criollos con el señuelo de que peleaba a favor de Fernando VII cuando en realidad buscaba la independencia, como señala la historiografía tradicional, o más bien promovía la autonomía dentro de la monarquía, como apuntan historiadores más recientes.</p>
<p>No obstante, ambos puntos de vista presentan problemas que deben hacernos pensar en una interpretación diferente. Sin duda, la versión patriótica que suponía que la retórica insurgente buscaba apoyo al ocultar sus verdaderas intenciones comete un anacronismo, al suponer ideas que sólo se manifestaron después en personas que nunca las expresaron. Ahora bien, los revisionistas que sugieren que los proyectos americanos eran autonomistas y no deseaban romper con la monarquía, pasan por alto que la monarquía estaba rota desde 1808. Me parece que tomando en cuenta este punto se puede hacer una lectura del <i>Despertador</i> y de otros documentos que favorecían la independencia, sin suponer que ocultaban sus intenciones en una retórica en la que no creían.</p>
<p>En <i>El despertador americano</i> no hay ninguna declaración de que el objetivo principal de los insurgentes fuera la defensa de los derechos de la familia real española, sino evitar que América cayera en manos de los españoles afrancesados. Las pocas menciones a Fernando VII eran indirectas, como cuando se preguntaba si sólo los peninsulares tenían derecho de pelear por su rey, y los americanos no. Casi todas las referencias al monarca preso estaban incluidas en argumentos que pretendían desengañar a los americanos de que los europeos eran leales al Borbón. En realidad, argüía Maldonado, sólo reinaba José Bonaparte y la mayoría de los españoles europeos ya se habían pronunciado a su favor. “Los verdaderos españoles”, los que no se habían entregado al Corso, eran los americanos. El objetivo de los americanos no era la autonomía ni permanecer unidos a una monarquía que ya no era la española (era la “hispana-gala”) sino la independencia de América, para evitar que sus riquezas siguieran beneficiando a unos individuos inmorales y viciosos, como calificaba a los peninsulares. Esto último debe resaltarse. Si bien los principales argumentos para oponerse al dominio europeo se fundaban en que los <i>gachupines</i> se habían entregado a Napoleón y habían reconocido a un usurpador, Maldonado aseguraba que esos actos eran los últimos de una larga cadena de agravios cometidos por los españoles peninsulares contra los criollos.</p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-379" alt="Edición Conaculta" src="http://alfredoavilahistoriador.files.wordpress.com/2012/12/edicic3b3n-conaculta.jpg?w=178&#038;h=300" width="178" height="300" /></p>
<p>Es verdad que en su afán por convencer a los americanos leales al gobierno virreinal de la justicia de la causa de la independencia, Maldonado se vio obligado a justificar actos atroces cometidos por los insurgentes (como las masacres de europeos, en particular la de Guanajuato), alegando que los españoles habían sido más crueles con los criollos durante mucho tiempo. De igual manera, hacía malabares con las declaraciones de apoyo de los británicos a los españoles, para demostrar que, en realidad, a quienes apoyaban era a los americanos. Sin embargo, nunca ocultó sus intenciones: su objetivo era que los criollos se hicieran cargo del gobierno de su patria, conservar la religión y recobrar “nuestra natural libertad e independencia”.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/alfredoavilahistoriador.wordpress.com/372/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/alfredoavilahistoriador.wordpress.com/372/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=alfredoavilahistoriador.com&#038;blog=7606667&#038;post=372&#038;subd=alfredoavilahistoriador&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://alfredoavilahistoriador.com/2012/12/20/despertador-americano/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
	
		<media:content url="http://2.gravatar.com/avatar/2d2194960c66c736e160f249fce74fd5?s=96&#38;d=http%3A%2F%2F2.gravatar.com%2Favatar%2Fad516503a11cd5ca435acc9bb6523536%3Fs%3D96&#38;r=G" medium="image">
			<media:title type="html">Alfredo Ávila</media:title>
		</media:content>

		<media:content url="http://alfredoavilahistoriador.files.wordpress.com/2012/12/despertador.jpg" medium="image">
			<media:title type="html">Despertador</media:title>
		</media:content>

		<media:content url="http://alfredoavilahistoriador.files.wordpress.com/2012/12/edicic3b3n-conaculta.jpg?w=178" medium="image">
			<media:title type="html">Edición Conaculta</media:title>
		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>Estados Unidos Mexicanos</title>
		<link>http://alfredoavilahistoriador.com/2012/12/10/estados-unidos-mexicanos/</link>
		<comments>http://alfredoavilahistoriador.com/2012/12/10/estados-unidos-mexicanos/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 10 Dec 2012 22:36:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Ávila</dc:creator>
				<category><![CDATA[Federalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Independencias]]></category>
		<category><![CDATA[Liberalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Republicanismo]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos Mexicanos]]></category>
		<category><![CDATA[independencia]]></category>
		<category><![CDATA[México]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://alfredoavilahistoriador.com/?p=369</guid>
		<description><![CDATA[No es muy exagerado decir que en 1823 no había México. Tras la caída del imperio, las antiguas provincias de Nueva España establecieron gobiernos propios y empezaron a declararse estados soberanos e independientes. Por supuesto, numerosas personas consideraban que dichos estados debían unirse, para integrar una confederación que fuera viable. El problema era que esa [&#8230;]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=alfredoavilahistoriador.com&#038;blog=7606667&#038;post=369&#038;subd=alfredoavilahistoriador&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>No es muy exagerado decir que en 1823 no había México. Tras la caída del imperio, las antiguas provincias de Nueva España establecieron gobiernos propios y empezaron a declararse estados soberanos e independientes. Por supuesto, numerosas personas consideraban que dichos estados debían unirse, para integrar una confederación que fuera viable. El problema era que esa confederación podía adoptar muchas formas. En Guatemala nació la propuesta para que los estados del istmo centroamericano enviaran representantes con el fin de constituir una república federal. El proceso estuvo lleno de contratiempos, pues al menos uno de los estados centroamericanos no estuvo dispuesto a participar: Chiapas. Allí sonaba más otra propuesta: integrar una confederación con Oaxaca, Tabasco y Yucatán, que no se concretó. En Celaya, algunos delegados de estados como Querétaro, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, San Luis Potosí y Zacatecas formaron una junta, que rechazó sujetarse a las autoridades establecidas en la ciudad de México. Como sabemos, tampoco surgió una federación que hubiera tenido por capital la ciudad que, como México y Guatemala, había servido como sede de una real audiencia en la época colonial: Guadalajara.<br />
Como puede verse, no hubo un tránsito directo entre Nueva España y México. Nueva España no era una unidad consolidada. Nadie estaba muy seguro de hasta dónde llegaba, pues las provincias internas se mantuvieron durante largos años como entidades diferentes al virreinato, aunque dependientes en algunos aspectos del gobierno de México. Lo mismo pasaba con Centroamérica, con su propia audiencia y gobierno, pero dependiente también del virreinato en algunas cosas. De hecho, Nueva España no tuvo fronteras, hasta 1819, pese a que los mapas que nos enseñan en los libros de texto pretendan que el paralelo 42 era su límite norte. Para colmo, la poca unidad del virreinato se fracturó durante el proceso de independencia. En 1808, al mismo tiempo que en la ciudad de México se hacían juntas para determinar qué hacer en ausencia del rey, ocurría algo semejante en otras capitales, como Guadalajara. Por eso, algunos españoles y criollos se opusieron a que se reuniera una junta de gobierno independiente en México, pues nada garantizaba que en las provincias no se siguiera ese ejemplo. La guerra civil que estalló en 1810 terminó de fragmentar el territorio. En ese año, las tropas encabezadas por Miguel Hidalgo establecieron gobiernos criollos independientes de México en cinco intendencias: Guanajuato, Michoacán, Nueva Galicia, San Luis Potosí y Zacatecas. La reconquista de dichos territorios por las tropas virreinales no significó el restablecimiento de la supuesta unidad colonial. Poco a poco, los comandantes del ejército virreinal adquirieron fuerza y poder en sus territorios, a costa del gobierno establecido en México. Cuando Félix Calleja regresó a España, señaló que dejaba en Nueva España tres virreyes: Juan Ruiz de Apodaca (el virrey, propiamente dicho); Joaquín Arredondo, poderoso comandante de las provincias internas de oriente; y José de la Cruz, el comandante y gobernador de Guadalajara. Otros, como Bernardo Bonavía, en Durango; Melchor Álvarez, en Yucatán; y Agustín de Iturbide, en el Bajío, por mencionar algunos, habían relajado los lazos de dependencia con la capital. En términos económicos, la guerra también desarticuló los mercados novohispanos. Un buen ejemplo fue la proliferación de casas de moneda (antes sólo existía la ceca de México) que acuñaban la plata producida en los reales mineros, para ser exportada a través de puertos como Tampico, sin pasar por la capital ni por Veracruz. Por último, la constitución de 1812 estableció las diputaciones provinciales, que quitaban autoridad al virrey de México y fortalecía a los jefes políticos de las provincias.<br />
El imperio establecido por Agustín de Iturbide en 1821 se enfrentó a este fenómeno de fragmentación territorial. En 1822, para contener la violencia, propuso el establecimiento de tribunales militares en todas las provincias, regidos por el propio gobierno central. Por supuesto, los diputados &#8211; representantes de las provincias &#8211; se opusieron, como también se opusieron a incrementar impuestos. En 1823, cuando el Plan de Casa Mata exigió el restablecimiento del congreso disuelto por Iturbide, las provincias establecieron gobiernos propios. Las diputaciones provinciales convocaron congresos y eligieron gobernadores.<br />
Fue en este contexto en el que algunos notables políticos impulsaron una federación con todas las provincias, desde California hasta Chiapas, toda vez que las otras centroamericanas establecieron su propio pacto que, como sabemos, fracasó tiempo después. Personas como Miguel Ramos Arizpe y Miguel Guridi y Alcocer insistieron en la necesidad de establecer una federación grande, para hacer frente a las amenazas externas. Esteban Austin, Francisco Severo Maldonado y Prisciliano Sánchez dieron a las prensas sus propuestas para constituir una federación de Anáhuac, nombre que preferían al que la comisión especial reunida en la ciudad de México dio a su propio proyecto constitucional: federación mexicana. Lucas Alamán, el joven ingeniero de minas que había sido diputado en las cortes de Madrid, jugó un papel destacado: negoció con ayuntamientos, diputaciones provinciales, congresos y gobernadores para establecer una federación. Cuando las negociaciones no funcionaron, amenazó. Cuando las amenazas no daban resultado, envió tropas, como hizo con Jalisco, encabezadas por Nicolás Bravo. Alamán también colaboró en la formulación del Acta Constitutiva de la Federación Mexicana, como reconoció el propio Miguel Ramos Arizpe, que empezó a discutirse en diciembre de 1823 por el nuevo congreso constituyente.<br />
La federación no fue copia del modelo de Estados Unidos, como creía Servando Teresa de Mier, ni el nombre de Estados Unidos Mexicanos fue copia servil de la constitución de 1787, como creen Felipe Calderón, José Manuel Villalpando y otros políticos conservadores. El federalismo en México fue producto de la voluntad de varios políticos del primer tercio del siglo XIX como los mencionados y por muchos otros en las provincias, que acordaron la unión de varios estados, para constituir una potencia viable, que pudiera sobrevivir, como efectivamente sucedió, pese a todo.</p>
<p><a href="http://alfredoavilahistoriador.files.wordpress.com/2012/12/20121210-163606.jpg"><img src="http://alfredoavilahistoriador.files.wordpress.com/2012/12/20121210-163606.jpg?w=540" alt="20121210-163606.jpg" class="alignnone size-full" /></a></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/alfredoavilahistoriador.wordpress.com/369/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/alfredoavilahistoriador.wordpress.com/369/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=alfredoavilahistoriador.com&#038;blog=7606667&#038;post=369&#038;subd=alfredoavilahistoriador&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://alfredoavilahistoriador.com/2012/12/10/estados-unidos-mexicanos/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	
		<media:content url="http://2.gravatar.com/avatar/2d2194960c66c736e160f249fce74fd5?s=96&#38;d=http%3A%2F%2F2.gravatar.com%2Favatar%2Fad516503a11cd5ca435acc9bb6523536%3Fs%3D96&#38;r=G" medium="image">
			<media:title type="html">Alfredo Ávila</media:title>
		</media:content>

		<media:content url="http://alfredoavilahistoriador.files.wordpress.com/2012/12/20121210-163606.jpg" medium="image">
			<media:title type="html">20121210-163606.jpg</media:title>
		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>El nombre de &#8220;México&#8221;</title>
		<link>http://alfredoavilahistoriador.com/2012/11/19/el-nombre-de-mexico/</link>
		<comments>http://alfredoavilahistoriador.com/2012/11/19/el-nombre-de-mexico/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 19 Nov 2012 19:57:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Ávila</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Ideologías]]></category>
		<category><![CDATA[Independencias]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos Mexicanos]]></category>
		<category><![CDATA[México]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://alfredoavilahistoriador.wordpress.com/?p=366</guid>
		<description><![CDATA[El 25 de agosto de 2010 publiqué en España la siguiente columna. La pongo ahora en mi blog, con motivo de la renovada iniciativa acerca de cambiar el nombre a mi país. Prometo volver sobre este tema más adelante. Estados Unidos Mexicanos es el nombre oficial del país conocido como México. La primera denominación resalta [&#8230;]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=alfredoavilahistoriador.com&#038;blog=7606667&#038;post=366&#038;subd=alfredoavilahistoriador&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El 25 de agosto de 2010 publiqué en España la siguiente columna. La pongo ahora en mi blog, con motivo de la renovada iniciativa acerca de cambiar el nombre a mi país. Prometo volver sobre este tema más adelante.</p>
<p>Estados Unidos Mexicanos es el nombre oficial del país conocido como México. La primera denominación resalta el pacto federal, mientras que la segunda pone énfasis en la nación, origen de la soberanía, según la Constitución. Parece evidente la tensión entre estas proposiciones, en particular porque ambas se encuentran en el mismo documento. Sin embargo, la tensión es antigua y se deja sentir menos, aunque en 1993 se manifestó en una polémica en la prensa entre quienes proponían modificar la denominación oficial por considerar que &#8220;México&#8221; era el nombre auténtico de la nación y aquellos que defendían las soberanías estatales y argüían que el cambio respondía a intereses comerciales estaounidenses. La polémica no pasó de la prensa.</p>
<p>El nombre de México tiene una trayectoria previa al surgimiento de la nación en el siglo XIX. Su origen es prehispánico, limitado al de las ciudades lacustres de México Tenochtitlán y México Tlatelolco. La etimología parece hacer referencia al asentamiento en medio de un lago: &#8220;Mexi&#8221; es la luna o el centro del maguey, &#8220;co&#8221; significa &#8220;en donde está&#8221;. Tras la conquista española del siglo XVI, la ciudad que sirvió de cabeza al reino de Nueva España fue llamada México, por lo que se podía usar ese nombre para todos los dominios que se gobernaban desde esa capital. Muy pronto se pueden hallar referencias al Seno Mexicano (el Golfo de México) y en 1590 el <em>Orbis terrarum</em> de Petrus Plancius señalaba a toda la parte norte del Nuevo Mundo como &#8220;America Mexicana&#8221;, es decir, eran regiones que dependían de la ciudad de México.</p>
<p>A finales del siglo XVIII, Francisco Xavier Clavijero publicó su <em>Storia antica del Messico</em>, lo que contribuyó a llamar con este nombre a los dominios españoles en América del Norte, en especial en Europa y en Estados Unidos. Sin embargo, el término &#8220;mexicano&#8221; se usó durante el periodo colonial únicamente para designar a las personas que vivían en la ciudad de México o a quienes hablaban náhuatl, la &#8220;lengua mexicana&#8221;, y no para la generalidad de los habitantes de Nueva España. El vocablo &#8220;novohispano&#8221; fue inventado en el siglo XX, de modo que nunca nadie lo empleó para identificarse.</p>
<p>Estas puntualizaciones son pertinentes, porque durante el proceso que condujo a la independencia del país, no hubo una única manera de nombrarlo. Miguel Hidalgo siempre se refirió a &#8220;este reino&#8221; o a &#8220;esta América&#8221;. Por su parte, José María Morelos usó el nombre &#8220;América Mexicana&#8221;, que se ve en el Decreto Constitucional de 1814. No obstante, en los papeles de los dos dirigentes de la insurgencia hay referencias a los &#8220;apáticos mexicanos&#8221; o los &#8220;cobardes mexicanos&#8221;, es decir, a los habitantes de la capital virreinal.</p>
<p>Los términos &#8220;Estados Unidos Mexicanos&#8221; y &#8220;República Mexicana&#8221; fueron empleados por vez primera por los insurgentes de Texas, quienes se hallaban muy influidos por los estadounidenses. En 1821, el Tratado de Córdoba firmado entre el jefe político Juan O&#8217;Donojú y Agustín de Iturbide señaló que &#8220;esta América se reconocerá como nación soberana e independiente y se llamará en lo sucesivo imperio mexicano&#8221;.</p>
<p>Servando Teresa de Mier advirtió que &#8220;llegará el tiempo en que todos los nombres europeos desaparecerán de los países trasatlánticos y se restituirán los antiguos&#8221;. No bien conseguida la independencia, el de &#8220;Nueva España&#8221; fue olvidado. Entre 1821 y 1824 &#8220;Anáhuac&#8221; (náhuatl: &#8220;tierra rodeada de agua&#8221;) convivió con &#8220;México&#8221; en impresos y proyectos constitucionales. Mier se dio cuenta de que el segundo se impondría, por ser la capital del nuevo país, lo que en efecto sucedió cuando el Congreso decretó la Constitución Federal de los Estados Unidos mexicanos.</p>
<p>Publicado originalmente en <a href="http://internacional.elpais.com/internacional/2010/08/25/actualidad/1282687208_850215.html"><em>El País</em>, 25 de agosto de 2010</a></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/alfredoavilahistoriador.wordpress.com/366/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/alfredoavilahistoriador.wordpress.com/366/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=alfredoavilahistoriador.com&#038;blog=7606667&#038;post=366&#038;subd=alfredoavilahistoriador&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://alfredoavilahistoriador.com/2012/11/19/el-nombre-de-mexico/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>2</slash:comments>
	
		<media:content url="http://2.gravatar.com/avatar/2d2194960c66c736e160f249fce74fd5?s=96&#38;d=http%3A%2F%2F2.gravatar.com%2Favatar%2Fad516503a11cd5ca435acc9bb6523536%3Fs%3D96&#38;r=G" medium="image">
			<media:title type="html">Alfredo Ávila</media:title>
		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>El fusilamiento de Iturbide</title>
		<link>http://alfredoavilahistoriador.com/2012/07/19/el-fusilamiento-de-iturbide/</link>
		<comments>http://alfredoavilahistoriador.com/2012/07/19/el-fusilamiento-de-iturbide/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 19 Jul 2012 23:36:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Ávila</dc:creator>
				<category><![CDATA[Agustín de Iturbide]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Independencias]]></category>
		<category><![CDATA[Republicanismo]]></category>
		<category><![CDATA[fusilamiento]]></category>
		<category><![CDATA[independencia]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://alfredoavilahistoriador.com/?p=352</guid>
		<description><![CDATA[Dizque lo reconocieron por su manera de cabalgar. La verdad es que tampoco deseaba pasar inadvertido, no al menos mucho tiempo. Desembarcó en Soto la Marina el 15 de julio. Al parecer, lo reconoció un comerciante de Durango, a quien vio en alguna ocasión en la ciudad de México. De Durango también era aquel diputado, [&#8230;]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=alfredoavilahistoriador.com&#038;blog=7606667&#038;post=352&#038;subd=alfredoavilahistoriador&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Dizque lo reconocieron por su manera de cabalgar. La verdad es que tampoco deseaba pasar inadvertido, no al menos mucho tiempo. Desembarcó en Soto la Marina el 15 de julio. Al parecer, lo reconoció un comerciante de Durango, a quien vio en alguna ocasión en la ciudad de México. De Durango también era aquel diputado, Santiago Baca Ortiz, que había difundido por cada pueblo la <em>Memoria Político Instructiva</em> de Servando Teresa de Mier. Promotores de la república en un pueblo que durante trescientos años había vivido bajo el cetro de una monarquía. No eran muchos, pero ahora estaban en el gobierno y, para colmo, los grupos poderosos de las provincias terminaron apoyando una forma republicana con tal de que se apellidara federal. ¿República, federación? Si el propio fray Servando había gritado en el Congreso que se dejaría cortar el pescuezo si alguien en las galerías podía explicarle qué casta de animal era la república federada. No podía ser que a poco más de un año de la caída del imperio todos fueran republicanos. De seguro, había muchos partidarios no sólo de la monarquía sino del libertador, dispuestos a establecer un orden de cosas más conocido. El problema es que en Soto la Marina, aquel verano de 1824, el comandante se llamaba Felipe de la Garza, un viejo amigo de republicanos y revoltosos, como el propio Mier, como el chato Ramos Arizpe. Eso no era tan grave. Los políticos un día se afilian a una causa y al día siguiente a otra. El problema más grave era que De la Garza se pronunció en dos ocasiones en contra del imperio y en ambas fracasó. Si no fue fusilado como traidor se debió a la gracia del emperador. Algún ingenuo pensaría que, precisamente por eso, debía tener gratitud ante el hombre que lo perdonó; pero la humillación no se perdona.</p>
<p><img class="aligncenter size-medium wp-image-355" title="Sable Iturbide" src="http://alfredoavilahistoriador.files.wordpress.com/2012/07/sable-iturbide.jpg?w=300&#038;h=123" alt="" width="300" height="123" /></p>
<p>Agustín de Iturbide se entrevistó con Felipe de la Garza el 16 de julio. Le expuso los motivos que tuvo para regresar a México, aunque quizá no todos. Le dijo que sabía de los planes de la Santa Alianza, de la intención de Fernando VII para armar una expedición contra México. Venía dispuesto a ponerse a las órdenes de la patria. Entonces fue notificado del decreto de 23 de abril, expedido por el Congreso Constituyente, en el que se le declaraba traidor si ponía un pie en México y lo condenaba, en ese caso, a la muerte. Iturbide insistió en que su delito era defender al país que él mismo puso en el concierto de las naciones civilizadas. De la Garza titubeó. Tenía frente a sí al autor del Plan de Iguala, no a cualquier político ambicioso. El 18 de julio, decidió enviarlo a Padilla, en donde estaba sesionando la asamblea constituyente estatal, para dejar en sus manos la difícil decisión de cumplir o no el decreto del Congreso Federal. Lo envió rodeado de tropas, pero no como preso, pues ordenó a sus hombres que obedecieran a tan distinguido mexicano.</p>
<p>Iturbide debió haber supuesto que las cosas mejoraban. Había demostrado que su prestigio era enorme. Incluso, pidió que su mujer y los dos hijos que lo acompañaban bajaran del bergantín en el que habían llegado. Ana Huarte estaba preñada, a la espera de su décimo hijo, quien recibiría el mismo nombre que su padre, Agustín Cosme. Pertenecía a una de las familias más destacadas de Valladolid y su padre, Isidro Huarte, había sido el hombre más poderoso, por su riqueza e influencias, de la vieja intendencia de Michoacán. Agustín la desposó el 27 de febrero de 1805. Nacido en septiembre de 1783, pertenecía también a una distinguida familia de Valladolid, propietaria de algunas fincas urbanas y rurales. Desde joven se inclinó por la carrera de las armas. Ingresó como alférez en el regimiento de infantería de Valladolid, al mando del conde de Rul. Carismático, estableció relaciones que después le serían de enorme utilidad. Por supuesto, aprovechó los vínculos que su suegro tenía en la administración de la intendencia de Michoacán y el ayuntamiento de Valladolid. Si bien había participado en las maniobras militares que se hicieron en Xalapa frente al virrey José de Iturrigaray (y en las que estuvieron otros americanos como Ignacio Allende), Iturbide no mostró oposición a la violenta destitución del virrey en septiembre de 1808, aunque se le vinculaba con las reuniones clandestinas que fueron descubiertas en Valladolid a finales de 1809, favorables a Iturrigaray y al proyecto de establecer una Junta Gubernativa en el reino.</p>
<p>El proyecto más claro a favor de la independencia se manifestó en 1810 con la insurrección de Miguel Hidalgo. Pese a que el párroco de Dolores ofreció al joven militar Agustín de Iturbide que se uniera a la insurgencia o, al menos, no la combatiera, Iturbide no estaba dispuesto a aceptar la feroz violencia que amenazaba con destruir la riqueza de Nueva España. Como bien dijo a finales de 1821 a aquel abogado de Oaxaca, Carlos María de Bustamante, su respaldo a la emancipación no transigía con la insurrección popular: combatió a los insurgentes y lo volvería a hacer si fuera necesario. El problema en 1824 era que en el poder había muchos hombres, como el propio Bustamante, que habían participado en aquella insurrección. En el ejecutivo se hallaban los antiguos rebeldes Guadalupe Victoria y Nicolás Bravo, y hasta Vicente Guerrero era suplente. Por cierto, en Tamaulipas pasaba algo parecido: el nuevo gobernador era Bernardo Gutiérrez de Lara, quien había simpatizado con Hidalgo y Morelos, y encabezó fuerzas insurgentes en Texas, compuestas en buena medida por filibusteros y aventureros.</p>
<p>En verdad, Iturbide debía temer de aquellos republicanos. El 18 de julio, el Congreso Constituyente de Tamaulipas ordenó a Gutiérrez de Lara que cumpliera con el decreto federal. Quienes habían sido insurgentes no podían olvidar con facilidad la fama adquirida por el joven comandante realista michoacano, tan comprometido con el orden virreinal, tan tenaz en su persecución de rebeldes. Iturbide pagaba con sus propios recursos incentivos para las tropas, construyó una eficiente red de correos y de espías que le permitieron diseñar estrategias contrainsurgentes. Durante la guerra, se acostumbró a la vida difícil de la campaña. Pasó hambres, enfermó. Obligó a sus soldados a marchar largas jornadas. Sus esfuerzos no fueron vanos. Derrotó a Ramón Rayón, muy cerca de Salvatierra. Consiguió engañar al taimado Albino García, a quien fusiló y descuartizó como escarmiento.</p>
<p>Junto con Ciriaco del Llano, Iturbide impidió que José María Morelos ocupara Valladolid. Poco después, capturó a Mariano Matamoros, a quien fusiló en febrero de 1814. Por supuesto, la fama de ser un decidido soldado del rey era difícil de olvidar; pero siendo comandante del Bajío llegó a ser reconocido por otras dos características que hubiera preferido evitar: ser sanguinario y corrupto.</p>
<p>Respecto a lo primero, Agustín de Iturbide no era extraordinario. Numerosos jefes realistas e insurgentes ordenaban fusilamientos sin contemplaciones. El propio cura Morelos lo hacía, cuando no eran capaces de frenarlo Matamoros y los Bravo. Después de todo, la insurrección iniciada en 1810 se convirtió en una guerra civil, atroz como todas, destructiva y terrible. La novedad en el caso de Iturbide, y lo que parecía más inmoral en aquella época, fue la aplicación de tácticas contrainsurgentes muy adecuadas para quitar apoyo a las guerrillas del Bajío. En vez de atacar a esos grupos de frente, Iturbide empleó un sistema de espías para emboscarlos. Actuaba de la misma manera que lo hacía la guerrilla, pero iba más lejos. Si los insurgentes ponían su atención en cortar las líneas de abastecimiento del ejército, Iturbide haría algo parecido: destruir lo que hoy llamaríamos las “bases sociales de la guerrilla”. Destruyó pueblos y villas, acusándolas de proporcionar víveres a los rebeldes. Hizo prisioneras a numerosas mujeres que no tenían más delito que apoyar a sus maridos e hijos que se habían ido a campaña a pelear por la libertad.</p>
<p>Respecto a los cargos de corrupción, Iturbide, como otros jefes militares realistas e insurgentes, encontró que podía “dar protección” a terratenientes, comerciantes y mineros, a cambio de dinero “para la causa”. En el caso de Iturbide, parece que en efecto disponía de manera ilegal de caudales que no le pertenecían y, como otros, vigilaba las conductas de plata a cambio de pago, casi siempre para ocupar ese dinero en sus tropas. Recuérdese que había dispuesto su no escasa fortuna personal para el mismo destino, aunque eso no lo eximiera de un comportamiento criminal. Cuando en 1816 fue acusado de esos y otros cargos, ni siquiera los poderosos amigos que tenía en la Audiencia impidieron que se le quitara el mando de tropas. Si Iturbide se había ganado enemigos y hecho de mala fama entre los que entonces eran defensores del rey, qué podía esperar de quienes habían sido insurgentes.</p>
<p>En efecto, el 19 de julio de 1824, muy de mañana, Gutiérrez de Lara actuó como era de esperarse: rechazó cualquier argumento de Iturbide, lo hizo preso y lo presentó ante el Congreso tamaulipeco. Los constituyentes ordenaron la comparecencia de Felipe de la Garza, para pedir explicaciones acerca de por qué no había ejecutado el decreto federal y para ordenarle que lo cumpliera sin tardanza. Iturbide expuso de nuevo sus argumentos, acerca del peligro que representaban las monarquías de la Santa Alianza y de las intenciones españolas de organizar una expedición de reconquista; pero no convenció a nadie. Recurrió también a su prestigio. Era su última carta. Recordó sus trabajos por la independencia, algo que nadie podía escatimar, y en especial sus exitosos esfuerzos para unir voluntades, para conciliar extremos.</p>
<p>En 1820, cuando vivía en la ciudad de México y se codeaba con los principales políticos, pensadores y gente de influencia de la capital virreinal, Iturbide conoció las noticias del restablecimiento de la Constitución de 1812 en todos los dominios que le quedaban a la monarquía española. La primera vez que se aplicó ese documento constitucional, había ocasionado muchos dolores de cabeza a los defensores del orden colonial, pues la libertad de prensa y los procesos electorales dieron protagonismo a muchos partidarios de los insurgentes. En 1814, Fernando VII declaró abolida la Constitución, pero la bancarrota de la monarquía y las conjuras liberales consiguieron que fuera restablecida. Las condiciones de Nueva España parecían diferentes a las que había tenido el virreinato la primera vez que se aplicó. Los insurgentes estaban reducidos a unos cuantos grupos guerrilleros que controlaban el sur de la intendencia de México o permanecían atrincherados en fortificaciones en las islas de lagos y ríos o en la cúspide de montañas de difícil acceso. El reino no estaba en paz, como anunciaba el virrey Juan Ruiz de Apodaca, pero el orden establecido no corría peligro por los rebeldes. Las divisiones estaban en otros lados.</p>
<p>Durante sus años en la ciudad de México, Iturbide había convivido con partidarios del orden constitucional, como los que se reunían en casa de Ignacia Rodríguez de Velasco, <em>la Güera,</em> pero también con destacados serviles, como ellos mismos aceptaron llamarse, como los que se reunían en los ejercicios espirituales del Oratorio de San Felipe Neri. Sabía que muchas personas repudiarían la Constitución, por considerarla contraria a la religión, mientras que otras la apoyarían. Habría quienes creyeran que el régimen constitucional debía ser más radical, hasta eliminar la figura del monarca. Muchos estaban descontentos porque la igualdad prometida por los españoles a los americanos no se cumplía. Sabía que esas tensiones podían ocasionar en cualquier momento una insurrección tan desastrosa como la que él combatió. Las noticias que  su protegido José López le enviaba de España respecto a la existencia de numerosas facciones (comuneros, exaltados, absolutistas, doceañistas) que se enfrentaban y conspiraban le hicieron temer que el nuevo orden constitucional no duraría y que ocasionaría más conflictos. Por supuesto, Iturbide no estaba solo. Numerosos militares, propietarios, liberales y serviles estaban pensando lo mismo: más valía desatar los lazos que unían al virreinato con la metrópoli, como había propuesto el abad Dominique de Pradt. Iturbide había platicado ya sobre estos temas con muchos amigos, entre quienes había destacados defensores de los intereses americanos, como su compadre Juan Gómez de Navarrete, y militares con quien tenía una enorme confianza, como Manuel Gómez Pedraza.</p>
<p>Cuando el viejo coronel Gabriel de Armijo solicitó retirarse del sur, en donde combatía a Vicente Guerrero, apareció la oportunidad para Iturbide. Designado comandante en la región, de inmediato se puso en contacto con su enemigo. Los diputados que salían rumbo a España fueron informados por Gómez de Navarrete y Gómez Pedraza de las intenciones de Iturbide para proclamar un Plan de Independencia. No pudieron esperarlo, pero en Madrid trabajaron para establecer una monarquía en México, encabezada por un miembro de la casa reinante española y bajo un orden constitucional. En Iguala, Iturbide se pronunció por lo mismo, con el apoyo de Guerrero, en febrero de 1821. Si bien en un principio tuvo más reveses que triunfos, poco a poco fue ganando voluntades. Negoció, ofreció, dijo que sí a casi todos. La bandera de religión, independencia y unión fue enarbolada en todas las plazas. Los más fervorosos serviles quedaron satisfechos con la separación de una metrópoli que estaba tomando medidas en contra de los privilegios de las corporaciones eclesiásticas; los liberales aceptaron la propuesta de mantener la vigencia de la Constitución de 1812 en lo que una asamblea representativa redactara una propia; los defensores del rey no vieron problema alguno en pedir que la corona del imperio mexicano quedara en manos de Fernando VII o alguien de su familia; algunos insurgentes aceptaron la independencia bajo estas condiciones.</p>
<p>¿Qué otros méritos podían exigir a Iturbide los señores diputados del Congreso de Tamaulipas? La independencia se consiguió apenas siete meses después del pronunciamiento de Iguala. Juan O’Donojú, último capitán general de Nueva España, firmó con Itrubide el Tratado de Córdoba en agosto. Iturbide cumplió su promesa: reunió una Junta Gubernativa que declaró solemnemente el nacimiento de México y convocó elecciones para un Congreso Constituyente. Los republicanos podían acusarlo de ambicioso, por haberse coronado, pero debía decirse a su favor que cuando España rechazó el Tratado de Córdoba, había un enorme respaldo para que quien ocupara el trono fuera el autor de la independencia.</p>
<p>Es muy difícil hacer un balance del primer gobierno que tuvo México como estado independiente. Iturbide encabezó un imperio, primero como regente y luego como emperador, en el que no había recursos para pagar tropas ni sueldos de los empleados públicos. Muchos productores lo apoyaron por la promesa de reducir o eliminar impuestos y cargas tributarias que después le hicieron falta como gobernante. La delincuencia azotaba a la población y no había un sistema de administración de justicia que le permitiera actuar; de ahí que solicitara al Congreso el establecimiento de tribunales militares, medida que fue rechazada por los constituyentes. Se debe señalar que los republicanos en la época del imperio eran muy pocos y que el respaldo a la monarquía constitucional como forma de gobierno era casi unánime, pero Iturbide tuvo problemas con los partidarios de la república desde un principio. En noviembre de 1821 descubrió una primera conspiración, en la que participaban Josefa Ortiz de Domínguez y Guadalupe Victoria. Poco después, Servando Teresa de Mier, Vicente Rocafuerte y el enviado colombiano, aunque veracruzano, Miguel Santa María, promovieron la caída del imperio. En agosto de 1822, Iturbide envió a la cárcel a los diputados conspiradores y pidió la salida de Santa María. La medida fue respaldada por numerosas representaciones de villas, pueblos y ciudades. Sólo unos cuantos se opusieron, como el propio Felipe de la Garza.</p>
<p>Pese a todos estos problemas, Iturbide trabajó por el engrandecimiento de su patria. Desde un comienzo puso sus miras en la incorporación al imperio de territorios que no formaban parte del núcleo central de Nueva España. Por ello, promovió que las Provincias Internas se adhirieran al Plan de Iguala (el propio Humboldt calculaba que el virreinato llegaba por el norte al paralelo 31), lo mismo que Centroamérica. Incluso, llegó a considerar la pertinencia de que el imperio incluyera al Caribe español, para integrar así a toda la América Septentrional. Estas ambiciones seguramente fueron vistas por Simón Bolívar, por lo que trabajó con Santa María en la caída del emperador. Por el contrario, y pese a la opinión de numerosos autores, Joel Poinsett, quien visitó México en 1822, no participó en las conjuras contra Iturbide.<img class="alignright size-medium wp-image-354" title="Padilla" src="http://alfredoavilahistoriador.files.wordpress.com/2012/07/padilla.jpg?w=300&#038;h=225" alt="Padilla, Tamaulipas" width="300" height="225" /></p>
<p>Por supuesto, el emperador también actuó de manera autoritaria. Arbitrariamente, disolvió el Congreso en octubre de 1822 y reunió una Junta más pequeña. En diciembre, otro joven ambicioso, vinculado con conspiradores republicanos, Antonio López de Santa Anna, se pronunció en contra de la monarquía. No consiguió su objetivo, pero al menos fue el responsable de que el emperador enviara tropas a Veracruz y gastara los pocos recursos que le quedaban. Cuando Antonio de Echávarri se percató de que no podría derrotar a los rebeldes y de que podía ser destituido en cualquier momento, se pronunció por una salida que parecía aceptable para todos, mantener el imperio y convocar un nuevo congreso. No hay evidencia de que fuera la masonería del rito escocés la que promovió el Plan de Casa Mata para derrocar a Iturbide; pero el resultado fue ése. Un artículo del Plan otorgaba a la diputación de Veracruz facultades de gobierno en tanto se restablecía el orden. Las demás provincias apoyaron el Plan para tener esas mismas facultades. Era el principio del federalismo. Iturbide, que tan bien apreció las condiciones del país, no pudo ver las demandas de las regiones. El 19 de marzo de 1823, abdicó y aceptó salir del país. Estuvo en Italia, en donde escribió sus <em>Memorias</em>, y luego en Gran Bretaña. En Europa se percató de las intenciones españolas para recuperar su más preciada colonia y el respaldo que varias monarquías le daban. Entonces regresó a México ¿cuál era su delito?</p>
<p>Los constituyentes de Tamaulipas no cedieron. A las tres de la tarde, comunicaron a Iturbide que sería ejecutado. Iturbide pidió un día más, que le fue negado. Confesó y escribió unas notas. Parecía inconcebible que el autor de la independencia muriera fusilado sin sumaria, sin atender argumentos. Por supuesto, Iturbide no quiso recordar aquella tarde la correspondencia que en los meses recientes había mantenido con Antonio de Narváez, administrador de su Hacienda de la Compañía. Narváez y Manuel Reyes Veramendi encabezaban un grupo de conspiradores que promovía el regreso de Iturbide, descubierto por el gobierno en abril. La lista de implicados incluía a numerosos militares. Incluso, se asoció al rebelde Vicente Gómez, <em>el capador de gachupines</em>, con el regreso de Iturbide. Luis Quintanar y Anastasio Bustamante, defensores de la soberanía de Jalisco, también se hallaban implicados. No es que pretendieran coronar al depuesto emperador, pero sí favorecían que regresara a “ocupar el lugar que la patria quisiera otorgarle”. El problema es que la patria o, mejor dicho, quienes la representaban en el Congreso, decidieron que su lugar era frente al pelotón de fusilamiento. Cuando los constituyentes fueron enterados por los secretarios de Relaciones y de Guerra, Lucas Alamán y Manuel de Mier y Terán, de la existencia de numerosas conspiraciones en contra del gobierno y a favor de Iturbide, decretaron que si regresaba al país estaría fuera de la ley y sería ejecutado.</p>
<p>El decreto se cumplió el 19 de julio de 1824. Muchos pensaron que la república se había salvado. Para otros, para muchas generaciones más, se trató de un parricidio. “En el acto mismo de mi muerte &#8211; fueron sus postreras palabras &#8211; os recomiendo el amor a la patria”, una patria impensable sin Agustín de Iturbide.</p>
<p>Publicado originalmente en <em>Relatos e Historias en México</em>, número 19.</p>
<div></div>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/alfredoavilahistoriador.wordpress.com/352/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/alfredoavilahistoriador.wordpress.com/352/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=alfredoavilahistoriador.com&#038;blog=7606667&#038;post=352&#038;subd=alfredoavilahistoriador&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://alfredoavilahistoriador.com/2012/07/19/el-fusilamiento-de-iturbide/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>2</slash:comments>
	
		<media:content url="http://2.gravatar.com/avatar/2d2194960c66c736e160f249fce74fd5?s=96&#38;d=http%3A%2F%2F2.gravatar.com%2Favatar%2Fad516503a11cd5ca435acc9bb6523536%3Fs%3D96&#38;r=G" medium="image">
			<media:title type="html">Alfredo Ávila</media:title>
		</media:content>

		<media:content url="http://alfredoavilahistoriador.files.wordpress.com/2012/07/sable-iturbide.jpg?w=300" medium="image">
			<media:title type="html">Sable Iturbide</media:title>
		</media:content>

		<media:content url="http://alfredoavilahistoriador.files.wordpress.com/2012/07/padilla.jpg?w=300" medium="image">
			<media:title type="html">Padilla</media:title>
		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>China y la plata mexicana</title>
		<link>http://alfredoavilahistoriador.com/2012/07/14/china-y-la-plata-mexicana/</link>
		<comments>http://alfredoavilahistoriador.com/2012/07/14/china-y-la-plata-mexicana/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 14 Jul 2012 17:41:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Ávila</dc:creator>
				<category><![CDATA[China]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Historia atlántica]]></category>
		<category><![CDATA[Independencias]]></category>
		<category><![CDATA[comercio mundial]]></category>
		<category><![CDATA[plata]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://alfredoavilahistoriador.com/?p=343</guid>
		<description><![CDATA[Hace unas semanas, con motivo de la redacción de un libro de texto, me puse a leer historia de China. Por supuesto, es fascinante, aunque lo más interesante para mí fue lo que aprendí de historia de México y de otras partes, a través del gigante asiático. Voy a referirme sólo a un tema: la [&#8230;]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=alfredoavilahistoriador.com&#038;blog=7606667&#038;post=343&#038;subd=alfredoavilahistoriador&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Hace unas semanas, con motivo de la redacción de un libro de texto, me puse a leer historia de China. Por supuesto, es fascinante, aunque lo más interesante para mí fue lo que aprendí de historia de México y de otras partes, a través del gigante asiático. Voy a referirme sólo a un tema: la importancia de China para el auge y caída de la producción de plata mexicana.</p>
<p>Entre los muchos productos que la América colonial exportaba, destacan dos por el fuerte impacto que tuvieron en la articulación de la economía global y por las enormes riquezas que generaron: el azúcar y la plata. Las economías del azúcar florecieron en el lado atlántico del continente. Desde el Río de la Plata hasta Chesapeake se desarrolló un lucrativo comercio que involucraba el intercambio de licores, algunas manufacturas y, poco a poco hasta convertirse en el artículo más importante, armas europeas a los reinos africanos costeros; los que a su vez entregaban oro, diamantes, marfil y, especialmente, esclavos. Los esclavos eran traídos a América, para producir azúcar en las plantaciones, las que, entre otras cosas, favorecieron la reproducción de mosquitos y, con ellos, el incremento de la fiebre amarilla y la malaria.<sup>1 </sup>El azúcar era exportada para su consumo en Europa, muchas veces como melaza y también como licor. La importancia de este lucrativo e infame comercio se puede apreciar en Saint Domingue, que había sido capaz de formar algunas de las fortunas más grandes de Francia, y desquiciar la economía francesa y atlántica cuando se convirtió en la independiente Haití.<sup>2</sup></p>
<p>Algo semejante sucedió con la plata. En las cordilleras y altiplanos americanos (sobre todo en Perú, Alto Perú y Nueva España) este producto detonó economías agrícolas, fomentó la integración de mercados regionales e hizo crecer de manera extraordinaria la riqueza de unas cuantas familias.<sup>3</sup> Hay muchos estudios acerca de cómo la plata propició la acumulación de capital en Europa, y cómo alimentó la inflación en España; pero al leer historia de China descubrí un nuevo actor económico, cuya presencia era ineludible pero que, habitualmente, no tomamos en cuenta: los cerca de 150 millones de chinos de mediados del siglo XVII, es decir ¡20% de la población mundial!</p>
<p>Como cualquier estudiante de educación secundaria sabe (o debería saber), desde la antigüedad China exportaba a Europa sedas, porcelanas, especias, tés, tallas de marfil. Muchos de estos artículos eran de lujo, para unos cuantos; otros, como las especias, eran de primera necesidad, por las precarias condiciones de conservación de los alimentos. Ni los europeos ni los musulmanes tenían productos que fueran muy atractivos para los chinos, quitando quizá los marfiles que las caravanas trasladaban desde África al oriente asiático, y que los mismos chinos empezaron a comerciar directamente, por el océano, desde el siglo XIV, época de gran expansión marítima. En realidad, sólo había un producto que los chinos <em>necesitaban</em>: la plata. Paul Ropp, en su magnífico libro <em>China in World History</em><sup>4 </sup>hace notar cómo, al menos desde el siglo XII, los funcionarios del imperio chino recaudaban grandes cantidades de plata, aunque la mayoría de los impuestos se seguían pagando en especie (posición 1485). Ropp describe lo que parece una deliberada política gubernamental que encontró en la plata el medio idóneo para regular el comercio interno. Al comenzar el siglo XVI, los chinos comerciaban con musulmanes y europeos sólo a cambio de plata. Justo en el momento en el que los españoles descubrían las vetas de Zacatecas en Nueva España y de Potosí en el Alto Perú, se estaba abriendo el mayor mercado del mundo para la plata. Hay que recordar que los españoles y demás europeos buscaron desenfrenadamente oro durante la época de las conquistas y colonizaciones, pero al final fue la plata la que los colmó de riquezas, en buena medida gracias a la demanda asiática. En 1581, la reforma de la plata (o reforma del &#8220;látigo sencillo&#8221;, posición 1808) convirtió al imperio de los Ming en el mayor consumidor de plata del mundo, mercado nada despreciable si consideramos – como ya mencioné – que abarcaba el 20% de la población mundial.</p>
<p><a href="http://alfredoavilahistoriador.files.wordpress.com/2012/07/monedas.jpg"><img class=" wp-image-346 alignleft" title="Monedas" src="http://alfredoavilahistoriador.files.wordpress.com/2012/07/monedas.jpg?w=240&#038;h=152" alt="" width="240" height="152" /></a>La importancia del mercado chino para la plata americana y para la economía global es un tema que abordaron en un artículo Dennys Flynn y Arturo Giráldez hace años.<sup>5</sup> Recientemente, John Tutino le ha puesto atención para explicar, como un elemento entre otros, el crecimiento de la producción minera de Guanajuato. Yo, que no soy conocedor del tema, sólo puedo decir que es fascinante.</p>
<p>El auge de la plata en la economía mundial concluyó a comienzos del siglo XIX. Entre 1800 y 1810, según Ropp, los chinos acumularon 26 millones de onzas de plata (posición 1941). En el mismo periodo, Nueva España contribuyó como nunca antes al sostenimiento del imperio español.<sup>6</sup> Años después, México sería incapaz de volver a los niveles de producción de plata que tuvo a comienzos del siglo XIX y su recaudación fiscal no podía cubrir ni los adeudos ni el pago de funcionarios y tropas. ¿Qué pasó? Esta es una historia en la que se interrelacionan muchos factores. La China de los Qing entró en una profunda crisis política a finales del siglo XVIII, de la cual se percataron los británicos, quienes – por su parte – se hallaban en plena revolución industrial. Si bien de momento no pudieron hacer mucho, por las guerras napoleónicas, bastó con que la paz regresara a Europa para que forzaran la apertura de los mercados chinos y los obligaran a recibir, en vez del metal argentífero, opio proveniente de India y Afganistán.  En México, la insurrección en el Bajío de 1810 acabó con el principal productor de plata de Nueva España, Guanajuato. Zacatecas pudo mantener su producción (especialmente en Fresnillo y Sombrerete), pero el mercado mundial había cambiado. China ya no era un consumidor importante de la plata americana.</p>
<p>Algo semejante sucedió en el Atlántico, en donde la independencia de Haití ocasionó el fin de la época dorada de la economía esclavista-azucarera. La esclavitud se enfiló a nuevos mercados (Brasil, Cuba, Estados Unidos) y las plantaciones empezaron a diversificarse: junto con el azúcar se cultivó algodón y café. Los mosquitos siguieron reinando varias décadas más, hasta que las tropas estadounidenses en la guerra con España empezaron a aplicar insecticidas.</p>
<div>
<hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><sup>1 </sup>El tema lo abordó magistralmente John McNeill, en <em>Mosquito Empires. Ecology and War in the Greater Caribbean, 1620-1914</em>, Nueva York, Cambridge University, 2010.</p>
</div>
<div>
<p><sup>2 </sup>Carolyn Fink, <em>The Making of Haití. The Saint Domingue Revolution from Bellow</em>, Knoxville, University of Tennessee, 1990; David Geggus, <em>The Impact of the Haitian Revolution in the Atlantic World</em>, Columbia, University of South Carolina, 2001.</p>
</div>
<div>
<p><sup>3 </sup>Un buen ejemplo está en el magnífico libro de John Tutino, <em>Making a new World. Founding Capitalism in the Bajío and Spanish North America</em>, Durham, Duke University, 2011.</p>
</div>
<div>
<p><sup>4 </sup>P. Ropp, <em>China in World History</em>, Nueva York, Oxford Univeristy, 2010. Tengo la versión electrónica (e-book) así que sólo podré citar las “posiciones”, en vez de las páginas.</p>
</div>
<div>
<p><sup>5</sup> Flynn y Giráldez, “Born with a ‘Silver Spoon’: The Origin of World Trade in 1571”, <em>Journal of World History</em>, Vol. 6, No. 2, 1995, p. 201-221. Como se trata de un trabajo fundamental y poco conocido en México, incluyo aquí la liga para quien quiera consultarlo: <a href="http://www.uhpress.hawaii.edu/journals/jwh/jwh062p201.pdf" target="_blank">Flynn &amp; Giráldez</a></p>
</div>
<div>
<p><sup>6 </sup>Carlos Marichal, <em>Bankruptcy of Empire: Mexican Silver and the Wars between Spain, Britain and France, 1760-1810</em>, Nueva York, Cambridge University, 2007.</p>
</div>
</div>
<div id="ynano_hooks_page" style="display:none;"></div>
<div id="ynano_hooks_page" style="display:none;"></div>
<div id="ynano_hooks_page" style="display:none;"></div>
<div id="ynano_hooks_page" style="display:none;"></div>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/alfredoavilahistoriador.wordpress.com/343/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/alfredoavilahistoriador.wordpress.com/343/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=alfredoavilahistoriador.com&#038;blog=7606667&#038;post=343&#038;subd=alfredoavilahistoriador&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://alfredoavilahistoriador.com/2012/07/14/china-y-la-plata-mexicana/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>2</slash:comments>
	
		<media:content url="http://2.gravatar.com/avatar/2d2194960c66c736e160f249fce74fd5?s=96&#38;d=http%3A%2F%2F2.gravatar.com%2Favatar%2Fad516503a11cd5ca435acc9bb6523536%3Fs%3D96&#38;r=G" medium="image">
			<media:title type="html">Alfredo Ávila</media:title>
		</media:content>

		<media:content url="http://alfredoavilahistoriador.files.wordpress.com/2012/07/monedas.jpg?w=300" medium="image">
			<media:title type="html">Monedas</media:title>
		</media:content>
	</item>
	</channel>
</rss>
