El último medio siglo

27 septiembre, 2013

Economía, Historia, Política

Hace unos días, recibí el ejemplar de la nueva edición de la Historia documental de México. El coordinador general, Miguel León-Portilla, me encomendó completar los documentos del medio siglo reciente. Al final, no pude hacer solo ese trabajo, por lo que varios colegas colaboraron en el tercer volumen, pero sí tuve la responsabilidad de escribir una breve presentación. La transcribo a continuación. Es mi visión peculiar de la historia reciente de México.

El último medio siglo se ha caracterizado por notables contrastes. En materia económica, no hay duda de que México ha tenido momentos de crecimiento notable, pero también ha sufrido profundas recesiones, sin importar cuál sea el modelo económico que se ha aplicado. En la década de 1960, todavía se vivía el llamado milagro mexicano, caracterizado por el proteccionismo económico y el impulso a la industria nacional. Estas características, que después fueron muy criticadas, no eran extrañas en el mundo de esa época. De hecho, la mayoría de los países que actualmente son “desarrollados”, consiguieron serlo en buena medida por el impulso a su industria y la protección de sus mercados. No fue sino hasta después, una vez que consolidaron economías fuertes y dinámicas, cuando apostaron a la libertad de comercio. Sin embargo, el milagro mexicano tampoco fue tan excepcional ni, bien visto, tan milagroso. Las tasas de crecimiento del país, comparadas no con Estados Unidos y Europa, sino con otros países de América Latina, eran mediocres. Para colmo, como pasaba en otros países de la región que no tuvieron una revolución social como la de 1910, la pobreza no fue abatida. Uno de los resultados de la política económica fue un mercado interno débil, con productos caros y de mala calidad, toda vez que el proteccionismo frente a la competencia extranjera iba acompañado de privilegios para los empresarios que apoyaban al régimen, de modo que incluso la competencia interna se frenó. Más adelante se pensó inyectar dinamismo a la economía a través del gasto público. Los excedentes de las exportaciones de petróleo lo permitieron, pero esto ocasionó déficit fiscal (cuando caían los precios internacionales del hidrocarburo), un grave endeudamiento, el crecimiento de la corrupción en las muchas empresas paraestatales, devaluaciones del peso y alta inflación. El costo se pagó en la década de 1980. Tras la nacionalización de la banca, medida que fracturó los acuerdos entre gobierno y empresarios, inició un sexenio sin crecimiento, con terribles consecuencias sociales. Muy pronto fue evidente que se debía cambiar de modelo. La privatización de empresas paraestatales a finales de esa década y comienzos de la siguiente dieron la impresión de que el “liberalismo social” (según unos) o “neoliberalismo” (según otros) daba resultados. El “error de diciembre” de 1994, la recesión y la quiebra del sistema bancario recién privatizado y su rescate, pusieron en evidencia que las nuevas directrices tampoco estaban funcionando bien. Luego de unos años de crecimiento importante, el nuevo siglo se ha caracterizado por un crecimiento mediocre, como lo ha llamado un autor recientemente, que no ha solucionado la enorme desigualdad del país.

Los cambios sociales del país en el medio siglo reciente son, sin duda, los más significativos. La población se multiplicó por tres, con dos grandes periodos de crecimiento, al comienzo y al final del periodo. Prácticamente se invirtió la relación de pobladores del campo y de la ciudad, haciendo que la mayoría de los mexicanos viva en pequeñas y grandes urbes. La zona metropolitana de la ciudad de México y varios municipios del estado de México e Hidalgo reúne al veinte por ciento de la población total del país. No es difícil imaginar los problemas que surgen de este fenómeno, en particular para otorgar servicios a enormes concentraciones humanas, en materia de vivienda, educación, salud y empleo. En algunos casos, han surgido organizaciones sociales que, por ejemplo, reclaman el derecho a la vivienda, a través de manifestaciones, movilizaciones e incluso invasiones de predios. En otros, el Estado ha hecho formidables inversiones para poder cubrir esas demandas, como sucede con la ampliación de la cobertura de la educación básica (pero no así en la media) o de salud. No hay duda de que estos cambios sociales han traído aparejadas transformaciones culturales de primera importancia. Los medios masivos de comunicación, el cine y la música han cambiado la manera de pensar de los mexicanos. Hay más acceso al teatro, a espectáculos y otra clase de actividades culturales. El diseño urbano y la arquitectura se han renovado. La revolución sexual que afectó a buena parte del mundo también se presentó en México. Los anticonceptivos, la aparición del SIDA, el incremento de las mujeres en la fuerza laboral, todas estas cosas han cambiado nuestra manera de entender las relaciones familiares, la sexualidad, la convivencia. Hay, por supuesto, posiciones encontradas, que se discuten precisamente por la nueva realidad de la vida cotidiana. El derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, a decidir sobre la reproducción y a abortar (o el derecho del embrión o el feto a vivir) han ocasionado discusiones y la formación de organizaciones civiles. Para muchos, los homosexuales no deberían poder formar familias (tener cónyuge e hijos), otros creen que sí.

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Tal vez las paradojas más grandes de este medio siglo de transformaciones están en la vida política. Inicia el periodo con una serie de reformas en materia electoral que le permiten a los partidos políticos de oposición tener representación en las cámaras, dominadas hasta entonces por el partido del presidente y que servía para reproducir un modelo de dominación política fundado en un orden corporativo. Al mismo tiempo, el régimen no tenía inconveniente en reprimir de manera violenta los movimientos que amenazaban su hegemonía, ya pacíficamente ora por la ruta armada. En la década de 1980, en plena recesión, la sociedad civil empezó a tener una presencia mayor (ya por acontecimientos imprevisibles, como el sismo de 1985, o por los procesos electorales, como en 1986 y 1988), pero el autoritarismo se afianzó. Poco a poco se fue reconociendo la importancia de las organizaciones civiles, de los derechos de los pueblos indígenas, del diálogo. El periodo concluye con elecciones competitivas, muy cerradas muchas de ellas, con instituciones electorales autónomas del poder ejecutivo, pero con un enorme desencanto y con partidos políticos, gobernadores y “poderes fácticos” (medios de comunicación electrónica, iglesias, empresarios, grupos delincuenciales) capaces de imponerse a las instituciones que antes parecían muy fuertes. Los privilegios no han desaparecido. Siguen presentes los sindicatos poderosos, que se niegan a actuar democráticamente y hacer transparente el uso de sus recursos, y los empresarios que han abusado del amparo para evadir sus responsabilidades, en especial las fiscales. La negociación de la ley y la corrupción, la ineficiencia en la procuración de justicia y las decisiones políticas han puesto a México, en los últimos años, en una de las situaciones más difíciles de su historia, con altos índices de violencia e impunidad. Sin embargo, también es verdad que nunca antes en el país hubo tantas organizaciones sociales y, como no se cansan de repetir los analistas, un “bono demográfico” importante para el crecimiento. Es nuestra responsabilidad no desaprovechar las pocas oportunidades que tenemos para hacer un mejor futuro.

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2 comentarios en “El último medio siglo”

  1. Oscar Says:

    Muy buen análisis del México contemporáneo. Felicidades por su blog!

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    • Alfredo Ávila Says:

      Gracias, aunque mucho menos que análisis es mera visión panorámica. Forma parte de la introducción del volumen III de la Historia documental de México. ¡Saludos!

      Responder

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