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nombre“En nombre de la nación” fue una frase empleada por Melchor de Talamantes para criticar a quienes, como el Ayuntamiento de la ciudad de México, decían hablar en nombre de todo el reino. Este libro narra el desarrollo de la soberanía nacional y sus representan­tes, y da cuenta de los complejos procesos por los que tuvo que pasar la nación inventada en los últimos años de régimen virreinal y los primeros del México independiente.Hecho bajo la impronta de Francois-Xavier Guerra, terminé alejándome de su visión dicotómica Tradición/Modernidad. La hipótesis más importante que sostiene es que, durante el periodo aludido, no hubo una sola manera de representar la sociedad y que, si nos olvidamos de interpretaciones progresistas y teleológicas, ninguna era ni más ni menos legítima.

Concluí la parte central del libro en 1998, aunque no apareció sino en 2002, por algunos contratiempos que no pueden atribuirse ni al Centro de Investigación y Docencia Económicas ni a la Editorial Taurus. Ha recibido la atención de algunos reseñistas y, lo sé por testimonios personales, ha tenido impacto en especial entre estudiantes y algunos colegas. También ha sido objeto de varias críticas, en particular desde enfoques positivistas que no admiten que la historia puede ayudarnos a plantear algunas de cuestiones fundamentales de la filosofía política. Hay algunas erratas que me gustaría corregir en algún momento, algunas realmente graves. Agradezco a dos queridos amigos haberme llamado la atención en 2006 por una referencia errónea. En la página 94 afirmé que según el Diario de México de 4 de julio de 1810, no hubo sorteo en Puebla para la elección de Antonio Pérez Martínez a las Cortes de Cádiz. La verdad es que, bien al contrario, el Diario afirma que sí hubo elección, pero la forma en que anoté la referencia en una tarjeta (todavía no usaba computadora para tomar referencias) era demasiado confusa. En nombre de la nación plantea temas sobre los que de manera constante regreso, aunque no haya regresado sobre el mismo libro.

paraLos versos de Miguel Hernández (El herido) sirvieron de epígrafe para el relato que elaboré en este libro. Mucho más narrativo que En nombre de la nación, no deja de plantear los problemas que me obsesionan sobre el sentido de la ciudadanía, la organización política, el orden y los derechos, después de la caída de los fundamentos incontrovertibles que sostenían a la monarquía católica.

Este libro presenta un análisis de la cultura política a comienzos de la vida independiente de México, en especial en lo referente a la aparición de opositores políticos. Cuenta cómo varios grupos de hombres y mujeres enfrentaron un régimen que consideraron impropio de una nación americana.

Éste es el relato de sus conspiraciones, de las redes que consiguieron tejer en varias ciudades del país, de su pensamiento, de sus aventuras y desventuras, así como de sus trabajos para la libertad.

independenciaHe trabajado con Virginia Guedea desde hace varios años. Puedo decir que es la historiadora que más conoce sobre el proceso de independencia de México y de quien más he aprendido. Participar como corresponsable con ella en el proyecto Independencia de México: temas e interpretaciones recientes, fue un gran honor. Ese proyecto contó con el generoso apoyo de la Dirección General de Asuntos del Personal Académico de la UNAM.

Durante un par de años, el seminario ProIndependencia reunió a algunos de los más destacados colegas, especialistas en diversas parcelas del mismo tema, la emancipación mexicana. Nos perecía necesario hacer un balance, un corte de caja, de los avances y las interpretaciones sobre ese proceso, antes de emprender nuevos caminos. Nos sorprendió que temas que suponíamos muy trabajados (como la propia guerra) no lo eran tanto. Confirmamos algunas sospechas, pero – sobre todo – pudimos trazar un panorama general del estado de la cuestión.

experienciasSupongo que de nueva cuenta debo a Francois-Xavier Guerra las ideas para este libro. Desde hace algunos años me interesé en las experiencias comunes y en las particulares de los enormes dominios de la monarquía española en los dos años cruciales. No tuve la intención, en principio, de hacer un libro conmemorativo, pero poco a poco las cosas se fueron presentando para que así fuera. Debo a Alicia Mayer, la directora del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, gran amiga y admirada colega, la sugerencia de que el Congreso que pensaba realizar, lo hiciera bajo el patrocinio que entonces ofrecía la Fundación Santander, a través de la Cátedra Simón Bolívar, de la Universidad de Alcalá, y de su titular, el doctor Juan Ramón de la Fuente. Esto no sólo consiguió recursos para reunir a colegas de diversos países de América Latina, Europa y Estados Unidos, sino que me permitió trabajar con Pedro Pérez Herrero, uno de los más destacados conocedores españoles de la historia mexicana.

Fue una muy grata experiencia haber trabajado con colegas a quienes tanto admiro. José Antonio Serrano y Juan Ortiz Escamilla son, hoy por hoy, dos de los más destacados historiadores del proceso de independencia mexicano. En verdad, disfruté mucho escribir a tres manos con ellos. Enrique Florescano, gran historiador y promotor de la historia, coordinó nuestro trabajo con inteligencia. Actores y escenarios es un libro de divulgación, pero de investigación también. Mientras redactábamos, continuábamos con nuestras pesquisas en repositorios bibliográficos y documentales. Hay mucho de nuevas interpretaciones y de discusiones polémicas. Por supuesto, hay algunos problemas. Algunos errores de los que nos dimos cuenta muy tarde, otros que desconocemos aún. El contenido del libro está manifiesto más que en el título en el subtítulo. Por motivos del contrato hecho con el Museo Soumaya, no fue posible cambiar el nombre de la obra. La guerra, el pensamiento y las instituciones son el eje del relato. Biografías de personajes importantes del periodo – hechas por Rodrigo Moreno – acompañan el libro. Las imágenes son hermosas. Me gusta pensar que fue una buena manera de participar en las conmemoraciones del Bicentenario de la Independencia.

El Diccionario de la Independencia de México está integrado por seis secciones: “Personajes”, “La guerra”, “Conceptos y cultura política”, “Instituciones”, “Sociedad, cultura y economía”, y “Los historiadores”. No es una enciclopedia ni un diccionario en el sentido más frecuente del término. Difícilmente  las 102 entradas que lo conforman, elaboradas por 55 autores, podrían aspirar a abarcar tantos actores, tantos acontecimientos y tantas novedades como los que involucró el rico y complejo proceso de Independencia. Su inspiración es selectiva necesariamente, pues retoma algunas cuestiones esenciales, pero le interesa privilegiar aquello que la historiografía de los últimos años ha aportado al conocimiento sobre el tema. El diseño en forma de diccionario permite que el lector encuentre respuesta con rapidez a sus preguntas sobre alguno de los muchos aspectos de la emancipación mexicana y cuente con referencias bibliográficas por si le interesa abundar en su estudio. Esta obra está dirigida a un amplio público en el que se encuentran estudiantes, académicos especializados y todo aquel que desee conocer la historia de la independencia de México.

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Por lo general, los partidos políticos han tenido mala prensa. En México, como en otros lugares, se les ha acusado de ser organizaciones que monopolizan la participación política y excluyen a los ciudadanos. Sin embargo, desde el siglo XIX, el pensamiento político mexicano manifestó propuestas que reconocían las virtudes de encauzar la participación cívica a través de partidos políticos. Ecos de aquellas discusiones todavía se pueden escuchar al comenzar el siglo XXI, de modo que este libro resulta pertinente no sólo para el público especializado sino, principalmente, para el ciudadano que se pregunta si los partidos son un medio a través del cual sus demandas son atendidas o, más bien, un impedimento para que su voz sea escuchada.

  • Alfredo Ávila, Jordana Dym y Erika Pani, coords., Las declaraciones de independencia. Los textos fundamentales de las independencias americanas, México, El Colegio de México / Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 2013.

IMG_0845Al parecer, tras la secesión de un territorio, no bastan las guerras exitosas, las conspiraciones y los pactos políticos para establecer un gobierno autónomo: para ser independientes, hace falta una declaración. Alegato jurídico, sentencia performativa, mensaje dirigido a los pueblos del mundo,acta de nacimiento de un país, las declaraciones de independencia formaron parte ineludible de los movimientos revolucionarios en América, desde Filadelfia en 1776 hasta Chuquisaca en 1825. Este libro estudia la era de las revoluciones atlánticas a través de sus declaraciones, actas y manifiestos. Redactados por periodistas, clérigos o militares, por juntas o congresos (no siempre electos), estos documentos en ocasiones engendraron procesos largos y desgastantes, y en otras les pusieron punto final. Las declaraciones de independencia han constituido piezas clave de los muy variados repertorios del nacionalismo, desde las revoluciones del siglo XVIII hasta los procesos de descolonización africano y asiático en la segunda mitad del XX, e incluso en los albores del XXI, como lo demuestran las declaraciones de independencia de Kosovo, proclamada en febrero de 2008, y de Sudán del Sur, de julio de 2011.

Producto de una exposición de actas y declaraciones de independencia, que se realizó en septiembre de 2010 en el Archivo General de la Nación de México, gracias a la iniciativa de su directora Aurora Gómez Galvarriato, el libro reúne textos de algunos de los más destacados especialistas en el tema, empezando por David Armitage, de la Universidad de Harvard, y autor de numerosos trabajos sobre la Declaración de Independencia de Estados Unidos y acerca de las declaraciones en el mundo, de los siglos XVIII al XXI. El trabajo con Erika Pani y con Jordana Dym fue, como siempre, muy estimulante; lo mismo que con los colegas de Estados Unidos, España, Italia, Colombia, Chile, Argentina, Perú y Brasil, que gustosamente colaboraron con nosotros.

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